Julia Navarro – Escaño Cero – Ana y los lobos.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Hace tiempo escribí un artículo que también titule «Ana y los lobos». Me refería a Ana Botella y los muchos enemigos ocultos que tiene dentro y fuera de sus filas.

Los que hace unos años la hacían la «pelota» descaradamente por aquello de que estaba casada con el entonces presidente del Gobierno, son los mismos que ahora arremeten sibilinamente contra ella. En cuanto a los ataques que recibe desde fuera del PP, yo diría que los hay de dos tipos, los que honradamente juzgan su quehacer político y los que se dejan llevar por los prejuicios.

Hasta ahora, Ana Botella ha pasado por la política con cuidado, conteniéndose, procurando mantener un difícil equilibrio, ponderando cada palabra sabiendo que hay legión para tirarse a su cuello al menor patinazo.

La desgracia acaecida en Madrid Arena la ha colocado en el punto de mira de quienes desde su propio partido aspiran a desplazarla de la alcaldía de Madrid, y naturalmente de quienes desde la oposición ven una oportunidad para desgastarla.

Si Ana Botella no se hubiera marchado a Portugal a pasar el fin de semana en un spa, se podría decir que no estaba manejando mal la crisis política consecuencia de la tragedia de Madrid Arena. Pero se equivocó. En política hay una línea muy tenue entre el error y el acierto, y ella debería de saberlo. La opinión pública hay cosas que no perdona o que le cuesta perdonar, y a Ana Botella le acompañará siempre el fiasco del fin de semana en el spa.

Por lo demás, yo creo que si a Ana Botella se la mira sin prejuicios, sin tener presente quién es su marido, entonces se encontrará a una mujer con una fuerte vocación política, con sensibilidad social, con ideas firmes pero que prefiere hacer las cosas con cierta mano izquierda y huir de las polémicas, trabajadora, y seguramente, si la dejan, puede ser una buena alcaldesa de Madrid porque tiene sentido común.

Pero a partir de ahora va a tener que ir con cuidado sin perder de vista sobre todo a sus compañeros de partido. Ya se sabe que en las batallas a veces se muere por «fuego amigo», y la alcaldía de Madrid es un sueño para cualquiera que tenga vocación y ambiciones políticas. Por eso, dentro del PP hay unos cuantos candidatos, y candidatas, para sustituirla. Que los haya en la oposición va de suyo, es lo lógico, pero el problema ya digo, son sus compañeros de filas.

Tengo para mí que más allá del apoyo de Alberto Ruíz Gallardón y de algún otro amigo que le quede en el PP, Ana Botella está sola. Su marido, como todos los expresidentes, sean del partido que sean, ya ha pasado a la categoría de «jarrón chino», es decir tiene pasado pero es irrelevante en el presente y nadie le espera en el futuro.

Seguramente, estos días habrá comprendido como una carrera hecha a base de trabajo y discreción se puede ir al garete por un traspiés, y como la opinión pública y la publicada le recordarán ese traspiés donde quiera que vaya y haga lo que haga.

Escucho a algún diputado del PP decir con cierta cautela: «Ana, ya no puede ser candidata», a otro asegurar que: «Esperanza no va a soltar el mando en plaza del PP en Madrid porque se reserva para ella la candidatura a la alcaldía», otros comentarios: «A Ana solo la defiende Ruíz Gallardón, Rajoy no hará nada en su contra pero tampoco a favor».

Desconozco las ambiciones de Ana Botella, si las tiene o no, pero si las tiene no se lo van a poner fácil. Su única posibilidad es hacer una buena gestión, y eso si la dejan.

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