Fernando Jáuregui – El buen ministro Margallo.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Sabido es que el periodismo consiste más bien en criticar que en elogiar, y quien suscribe se precia de ser más bien pródigo en lo primero y más bien parco en lo segundo. Y, de hecho, el propio ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, el ministro más veterano del Gobierno, cuyas salidas de tono he tenido ocasión de denunciar en varias ocasiones, seguro que ha podido comprobarlo. Pero esta crónica es más bien de elogio hacia él. Escribo desde la «cumbre» iberoamericana en Cádiz, donde el jefe de la diplomacia española ha tenido la que yo considero una espléndida intervención ante los principales poderes económicos de América Latina, a saber, el BID, la OCDE, la CEPAL y la Corporación Andina de Fomento, amén de un grupo de empresarios, no lo suficientemente numerosos, a mi entender, que asistieron al «encuentro económico» previo a la inauguración política de esta reunión iberoamericana, que aún sigue siendo anual.

Siempre pensé que García Margallo, cuya trayectoria conozco desde mucho antes de que le recompensase el PP haciéndole eurodiputado, hubiese sido un buen vicepresidente económico, más que un ministro de Exteriores: ocasionalmente es demasiado claro y temerario en sus exposiciones, lo que a veces choca en los ambiguos ambientes de la diplomacia internacional. Pero debo defender que su gestión preparando esta especialmente difícil «cumbre» iberoamericana ha sido magnífica –él mismo, que no se adorna con la virtud de la modestia, lo dijo en público–. Y que, tanto en el conflicto con Cuba por el encarcelamiento de Angel Carromero, como el que últimamente enfrenta a España con el Reino Unido por la utilización pesquera de las aguas –españolas– en torno a Gibraltar, se ha mostrado inesperadamente cauto, mostrando que la paciencia es el mejor arma para resolver contenciosos internacionales. Lo mismo valdría decir de sus al parecer positivas gestiones, desoyendo a quienes le pedían medidas «duras», para desbloquear el «asunto YPF», que tan poco jurídicamente hizo estallar la «gran ausente» de esta «cumbre», la presidenta argentina Cristina Kirchner.

A García Margallo, que se pierde por hacer un chiste en cada una de sus comparecencias, sí le acompañan, en cambio, otras virtudes de las que carecían algunos de sus antecesores: no quiere meterse en líos, no busca la espectacularidad, sino resultados y tiene un buen talante a la hora de la comunicación. Me parece que buena parte del éxito de esta «cumbre» le corresponde, aunque tanto al Rey como al Príncipe, por primera acompañando a su padre en un acto de estas características, también hay que achacarles su porción en los resultados positivos que pudieran salir de Cádiz. Y sí, pienso, por una vez y acaso sin que sirva de precedente, que habrá consecuencias positivas de una reunión en la que, al fin, se habla más de soluciones económicas para Pymes y emprendedores que de retórica política.

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