Julia Navarro – Escaño Cero – La salud no es un negocio.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

La salud no es un negocio, o no debería de serlo. En la Europa que construyó el Estado del bienestar, la sanidad pública, universal, gratuita, de calidad, ha sido uno de los más preciados derechos de los ciudadanos.

En otros países la salud es un negocio. En Estados Unidos por no ir más lejos. Al expresidente Clinton le costó casi su carrera intentar aprobar una reforma que sanitaria que supusiera no dejar en la estacada a millones de estadounidenses que no tienen dinero para pagarse un hospital. Y Barack Obama ha tenido que conformarse con sacar adelante una reforma sanitaria descafeinada. La causa es muy simple: hay grandes compañías que basan su éxito económico en hacer negocio a cuenta de los problemas de salud de sus conciudadanos.

En Estados Unidos dependiendo del seguro de salud que pagues así son las contraprestaciones que recibes. De manera que muchos estadounidenses viven obsesionados con poder pagarse un buen seguro para que el día que tengan que ponerle una válvula en el corazón, pongo por caso, su seguro se lo cubra, porque de lo contrario no se la ponen o la tienen que pagar.

Margaret Thatcher también se cargó la sanidad británica, privatizándola hasta el extremo que los servicios públicos que quedan actúan en base al coste-beneficio. Si usted ha sido un empedernido fumador y de repente tiene cáncer de pulmón y además tiene cierta edad, en el hospital público, pero gestionado de manera privada, sopesarán si les merece la pena operarle o darle uno de esos carísimos tratamientos que pueden paliar su enfermedad. Si convienen en que tiene usted escasas posibilidades de éxito, sencillamente le dejarán a solas con su cáncer.

Hace años que el PSOE primero, seguido con entusiasmo por el PP, abrió la puerta a las «fundaciones» sanitarias, es decir a privatizar parte de la gestión de la sanidad pública. De manera que los hospitales y centros sanitarios se construyen con dinero público, son de titularidad estatal, pero sacan a concurso su gestión. La empresa que gana el concurso, naturalmente, lo que pretende es ganar dinero y a partir de ese momento no se da un paso sin evaluar previamente los beneficios. De manera que se suprimen algunos servicios, amén de personal, investigaciones, medicamentos, etc, etc, etc.

Conozco médicos desesperados porque en algunos hospitales de titularidad pública pero gestionados por compañías privadas, se han establecidos protocolos del tiempo que, por ejemplo, debe de durar una operación como si pudiera ser una ciencia exacta. Así que si para una operación de apendicitis, pongo por caso, se establece que con 45 minutos basta, y por lo que sea la operación se alarga, los médicos tienen que dar cuenta de por qué han tardado más tiempo del establecido. O sea, los gerentes de los hospitales no están dispuestos a que se gaste ni un euro de más.

Ahora, aprovechando la crisis, algunos gobiernos autonómicos, amén del Gobierno central, quieren terminar de abrir la puerta a este modelo que consiste en que la sanidad pública sea gestionada por manos privadas, manos para los que la salud no es más en un buen negocio.

Los médicos de toda España se están rebelando contra los intentos del PP, amén de CiU y compañía, de desmantelar la sanidad pública. Y por primera vez las organizaciones médicas, ya sean sindicales o estrictamente profesionales, amén de asociaciones de enfermería, etc, se han unido para defender la sanidad pública española que dicho sea de paso es de las mejores del mundo.

A pesar de los inconvenientes de las listas de espera, nuestro país cuenta con un plantel de profesionales sanitarios que no tienen que envidiar nada a los mejores de otros países. No es verdad que la crisis obliga a ahorrar en sanidad, y para eso la solución es ponerla en manos privadas. Una cosa es gestionar mejor los recursos públicos y otra poner esos recursos en manos privadas para que hagan negocio.

Desde el PP se intenta convencer a los ciudadanos que las empresas privadas gestionan mejor que las públicas, lo que es lisa y llanamente una falsedad. La sanidad pública española es la joya de la corona, y los ciudadanos, todos, debemos de movilizarnos y gritar alto y claro que nuestra salud no puede convertirse en un negocio. Si les dejamos, es lo que harán.

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