Fermín Bocos – Primer «año Mariano».


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Con Mariano Rajoy al frente, el Gobierno del PP cumple un año en el poder. En la política, un año no da para elevar a definitivas las conclusiones acerca de una legislatura pero es plazo suficiente como para poder juzgar el talante y la forma de actuar de un gobernante. Sabido que, en general, los políticos tienen por costumbre predicar una cosa durante las campañas electorales y hacer otra así que ocupan la poltrona del poder, lo primero en lo que habría que objetivar es si Rajoy ha cumplido sus promesas.

En este registro de lo que podríamos llamar «incumplimiento de contrato» con los electores, Mariano Rajoy no ha sido una excepción: prometió bajar los impuestos y los ha subido. Todos. Incluido el IVA, una subida que según su decir anterior a la llegada a La Moncloa, era «el sablazo que los malos gobernantes dan a los ciudadanos». Por no hablar del problema de desempleo. Roza la crueldad recordar que un día, cuando era candidato, dijo que «cuando yo gobierne, bajara el número de parados». Teníamos entonces algo menos de cinco millones de desempleados y ahora nos acercamos a los seis.

A su favor, en cambio, hay que anotar que ha mareado la perdiz de los de Bruselas -«resistir es vencer», parece ser su lema-, para evitar tener que pedir el dichoso rescate. En fin, decía que un año no da de sí lo suficiente como para cerrar un juicio cabal sobre cómo se maneja un político así que toca poder, pero añado, que ya tenemos pruebas que permiten avizorar por dónde derrota quien está al timón. Se puede afirmar que Mariano Rajoy no es prepotente en el uso del poder; la suya es una manera suave de imponer criterios sin humillar a sus colaboradores puenteando a los ministros como sí tenía por costumbre su antecesor en el cargo. En eso, hemos mejorado.

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