Victoria Lafora – Tan rápidos y tan lentos.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

En algunas cosas, casualmente casi siempre son recortes, el gobierno del Partido Popular no pierde el tiempo. Son diligentes y rápidos en la puesta en práctica de sus medidas. Caso evidente de lo dicho es la aplicación de las nuevas tasas judiciales que solo permitirán litigar a los que tengan dinero para pagárselo.

De nada han servido las objeciones al proyecto planteadas por la judicatura, los abogados y los propios usuarios que pierden así la posibilidad de defenderse ante unos tribunales que se pagan con los impuestos de todos.

A partir de hoy mismo serán necesarios entre cincuenta (los menos) y setecientos cincuenta euros para poder recurrir una resolución en los tribunales. La justificación a este «copago» judicial viene explicada en el preámbulo de la ley, pero es tan alambicada y abstrusa que solo lo entienden sus autores. Dice así: «Subsisten desajustes que justifican la adopción de una nueva normativa que permita profundizar en determinados aspectos». ¿Los desajustes solo se solucionan haciendo pagar al ciudadano?, ¿Por qué no se profundiza en la búsqueda de otras formas que agilicen la Justicia?

Gallardón tenía mucha prisa por aprobar esta medida que ha contado con el rechazo unánime de la oposición, aplastada por el rodillo de la mayoría absoluta del PP. El atasco judicial que pretende solventar el ministro, y al que no ha encontrado otro remedio que dejarlo caer sobre los lomos de los contribuyentes, va convertir en eriales los juzgados.

No son tan diligentes, sin embargo, a la hora de resolver la crisis económica que asfixia al país y que un año después de su llegada al Gobierno presenta los siguientes datos negativos: el paro ha pasado del 21,52 al 25,02 por ciento, la caída del PIB se cifra en 1,6 por ciento y la inflación ha pasado del 2,9 al 3,5 por ciento. Para ese fracaso no encuentran solución y eso que, según el presidente Rajoy, están haciendo todo lo que pueden incluidas muchas cosas que no les gustan. Puede que tampoco se consiga el ansiado objetivo del déficit por el que se está pagando el más alto precio en desigualdades sociales desde la recuperación de la democracia.

Las propuestas de los últimos días, como la medida de ofrecer la residencia a los que compren un piso por encima de un precio fijado, no dejan de ser ocurrencias. Los ricos chinos y rusos se mofan de la residencia española que, sin embargo, puede atraer a los miembros de las mafias que huyan de la justicia de sus respectivos países. Es bastante improbable que los inmigrantes sin nombre del polígono Cobo Calleja de Madrid, donde imperaba la ley de la mafia, puedan acceder a esta vía de regularización de su estancia en España.

Con más de cinco millones de parados la residencia en este país ya no atrae a nadie, incluso está consiguiendo que los jóvenes residentes, los más preparados, busquen cobijo en economías mejor gestionadas que la española. Menos prisas para pelar derechos hasta el hueso y más celeridad en sacar al país del atolladero.

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