Andrés Aberasturi – ¿Y si realmente se reflexionara en la jornada de reflexión?


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Llega para Cataluña -que no es sino el conjunto de los catalanes y no catalanes que allí viven- eso que hemos dado en llamar «jornada de reflexión» en un eufemismo que suena bien pero que no deja de ser sino el día en el que por ley no hay mítines, ni propaganda ni encuestas. De ahí a la reflexión hay un abismo. Pero, a pesar de todo, a pesar de que el manojito de esperanzas que aun me quedaban se me van escapando por los desagües de la edad y ya sólo creo en el ser humano individual -y cada ve con más excepciones-, no dejo de plantearme la remota posibilidad de que, en la jornada de reflexión, cada uno de nosotros, cada uno, en esta ocasión, de los catalanes, realmente reflexione, piense en lo más justo, en lo que cree, en lo que le pide el corazón pero que a la fuerza deber ser razonable y razonado, en lo que es mejor para todos.

Pero no parece que haya ni tiempo ni vocación por tamizar nuestras propias ideas. Vivimos en un extraño momento donde mandan los titulares más que el texto, el pensamiento light, las soluciones fáciles, el eslogan de pancarta y la algarada. No hay tiempo ni ganas ni el menor interés en reflexionar que es un verbo hermoso y, sobre todo, necesario. Dice la RAE que reflexionar es «considerar nueva o detenidamente algo» , es decir, pensar que tal vez nos tengamos razón del todo, que tal vez hay enfoques nuevos sobre temas que hemos asumido desde siempre, que hemos heredado culturalmente, a los que nos hemos abrazado en un momento de la vida pero que ya no son válidos porque la vida ha ido por otros caminos o porque nosotros hemos madurado, tenemos más experiencia y hasta es posible que hayamos caído en la cuenta de que el bien de todos o de la mayoría es preferible a nuestros propios intereses. Pero para eso hace falta una cierta dosis más que de humildad, de realismo.

Lamentablemente hoy la política se ha convertido en patrimonio de los partidos y los partidos en empresas de poder. Hablo de la jornada de reflexión en Cataluña pero mi utopía es que esa reflexión llegara a España y se extendiera como la mejor de las epidemias a toda Europa, a todo el mundo. No va a ocurrir y todo seguirá como hasta ahora. En esta guerra absurda donde sólo cuentan las cifras, nadie va a pedir, como en el baloncesto, un tiempo muerto para recomponer un capitalismo salvaje que no lleva sino al desastre y a la injusticia global, donde los ricos serán cada vez más ricos y las clases medias -con esta crisis- pueden llegar a desaparecer. Y el gran éxito de Occidente ha sido precisamente el predominio de las clases medias.

Pero me alejo de lo inmediato. No escribo esto para defender una opción u otra en las elecciones catalanas porque todas son respetables tal y como se han planteado, sin violencia y con urnas. Pero reflexionar sobre lo que cada partido ofrece y pide, me parece un ejercicio sabio, necesario y justo. ¿Se hará? Seguramente no, pero al menos yo he cumplido conmigo mismo reivindicando algo que me parece importante: «considerar nueva o detenidamente algo», por ejemplo un programa político.

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