Carmen Tomás – A fuego lento.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Muy poco a poco pero parece que el Gobierno está consiguiendo reducir el déficit público. Incluso hay mejores datos sobre las Comunidades Autónomas. Durante los nueve primeros meses del año, el déficit se ha situado en el 0,76 por ciento del PIB, es decir casi un 5 por ciento menos que en el mismo periodo del año pasado. Claro, que unas cumplen y otras no tanto, pero podría ser que al cierre del ejercicio se cumpliera lo establecido y que no puede superar el 1,5 por ciento del PIB.

Esta sería, sin duda, la mejor noticia para la economía y el vital mensaje que recibirían los mercados, lo que aflojaría el coste de la financiación que demasiado lentamente va bajando, pero que sigue lejos de magnitudes razonables. No hay olvidar que el año que viene España tiene vencimientos millonarios que habrá de afrontar sí o sí. Por supuesto que estos mejores datos de gasto son fruto de los recortes y a estas alturas de recortes en servicios esenciales y casi nada en la grasa que durante años han ido acumulando al calor de unos ingresos impresionantes procedentes del inmobiliario.

Hay que felicitarse, pero no tanto, porque los ciudadanos quieren ver ya cómo otros se ajustan el cinturón, cómo se reparte el ajuste hoy demasiado volcado hacia el lado más débil que es la población. Hay que señalar además que en breve llegará el dinero europeo para sanear el sistema financiero y que posiblemente no veamos financiación aún en un tiempo. De ahí que el mensaje de Rajoy de que lo peor ha pasado no esté en la mente de los ciudadanos y que la esperanza de la salida de la crisis está cerca no pueda ser aún completa y menos si tenemos en cuenta las previsiones que para 2013 acaba de hacer la OCDE: menos crecimiento y más paro. En todo caso, no cabe duda de que sanear las cuentas públicas es condición imprescindible para arrancar una economía que languidece y que sólo deja ver algunas cifras positivas derivadas del sector exterior. Importantes, pero insuficientes y de difícil venta a los ciudadanos que sólo ven paro, paro y paro.

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