Francisco Muro de Iscar – La responsabilidad de los políticos


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

¿Hasta dónde puede equivocarse un político para asumir responsabilidades políticas? ¿Se pueden fijar los límites en los daños políticos o también en la caída de la credibilidad y la confianza? ¿Y en los económicos, o éstos quedan excluidos pase lo que pase? ¿La ética tiene algún papel que jugar en la vida política o uno puede ponerse el mundo por montera y mirar descaradamente para otro lado? ¿Deberíamos pedir a los líderes políticos un día o una semana de reflexión después de cada campaña electoral, no sólo antes, para que no digan mentiras o disparates?

Si hacemos una relectura pausada de los resultados de las elecciones catalanas, la principal conclusión es que estas elecciones dejan un mapa político mucho más complicado, difícil, arriesgado y desacreditado que el que había antes y una economía más débil. El pueblo catalán ha demostrado una clara pérdida de confianza hacia Artur Más y su proyecto, ha dividido el voto más que nunca y no ha apostado por ninguna idea con la suficiente claridad como para alumbrar ningún futuro. Eso, dentro. Fuera, es peor porque muchos se han alegrado de la locura emprendida por Más y otros han perdido la escasa confianza que les quedaba en su proyecto y temen todavía más que algunos pactos imprescindibles vayan en dirección opuesta al seny catalán. Más inseguridad jurídica y menos confianza.

¿Qué empresario estará dispuesto a invertir hoy en Cataluña? ¿Continuarán los empresarios que están en Cataluña apoyando a Convergencia? ¿Seguirá Unió Democrática por la senda soberanista y sentada en el mismo banco de gobierno que ERC, una de las formaciones que acabó hundiendo a Cataluña desde el tripartito? ¿Tendrán que pedir más dinero al Gobierno de España para pagar las deudas pendientes y lo que se ha gastado para nada en estas elecciones?

Las urnas han alterado, y pueden hacerlo mucho más, las reglas del juego y cuando un político está acorralado tiene la tentación de huir hacia delante. Más no ha entendido -tal vez no ha querido escuchar- lo que le han dicho las urnas y sigue su camino hacia la independencia. Pero tendrá que tomar, solo o en compañía de otros, duras medidas para hacer lo que no quiso o no supo a pesar de tener una mayoría solvente. En lugar de unir fuerzas para levantar la economía tendrá que subir los impuestos, aumentar los recortes, y endeudarse más para rescatar a Cataluña. En el nombre del pueblo, pero sin el pueblo. En nombre de una gran responsabilidad histórica, pero sin asumir ninguna responsabilidad política o personal. Se jugó un órdago sin cartas. Y perdió. Pero en lugar de dimitir, sigue. Por la irresponsabilidad de algunos políticos, la factura la pagarán, como siempre, los ciudadanos.

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