Pedro Calvo Hernando – Catalanista de toda la vida.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Lamento que Artur Mas no se percatara a tiempo de que se metía en un terreno lleno de trampas y de que las necesidades y prioridades de España en su conjunto estaban muy lejos de esa ensoñación alimentada por la multitud que acudió a la manifestación de la Diada el 11 de septiembre. A Mas le faltaron asesores inteligentes y voluntad y capacidad de discernir lo que era más conveniente y útil en esta hora maldita de España. A quién se le ocurre, y sobre todo si nunca fue secesionista, uncirse a un carro que no era el suyo y arrastrar a CiU por un camino que renegaba de toda una tradición de sensatez, gobernabilidad y esfuerzos por el progreso de España en su conjunto.

Tampoco entiendo cómo Duran i Lleida no le paró los pies desde el principio, a sabiendas de que el líder de Unió y su partido jamás fueron independentistas ni nada parecido y de que siempre fue uno de los políticos más sensatos y pragmáticos, sin dejar de ser idealista, que se habían conocido por estos castigados pagos. Tampoco entiendo cómo los socialistas catalanes no supieron o no quisieron entenderse con Mas para ayudarle a no equivocarse y no equivocarnos a todos.

Y todo para al final comprobar que el soberanismo no ha avanzado ni un metro y que con esa distribución de fuerzas resultante no pueden ni soñar en una secesión, que exigiría la voluntad favorable de la inmensa mayoría. Y eso sin contar las trampas, como la de meter en el paquete secesionista a quienes no lo son, como Iniciativa y la buena porción de electores de CiU que tampoco lo son, especialmente los cercanos al pensamiento de Unió. Y otra cosa: Cataluña forma parte desde hace siglos de nuestro cuerpo y de nuestra alma y pienso yo que algo tendremos que decir sobre el destino de algo que de modo tan real y entrañable nos atañe. Y no estoy pensando en la letra de la Constitución, que podría ser cambiada, pero no así la voluntad conjunta de pertenencia a una comunidad de historia y de vida como es España, concepto que no tiene nada que ver con la fascistada de la una, grande y libre. Lo dice un catalanista de toda la vida.

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