Rafael Martínez-Simancas – Memoria de Aznar.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

La mejor manera de que otros no cuenten tu vida es ponerse a redactar una biografía, por supuesto que eso no ahorra en críticas pero deja al autor en paz consigo mismo. Biografías como las de Aznar tienen el interés añadido de que se trata de una persona bastante reservada, la mayor parte de sus decisiones se guardan dentro de una pirámide en forma de cuaderno azul. En realidad las memorias interesantes son las de aquellos que hubieran mirado por encima del hombro mientras escribía en el cuaderno pero no hay nadie que se atreviera a acometer semejante proeza porque el riesgo de caer fulminado era elevado. No era un Aznar de mayoría absoluta pero sí de mirada fulminante

Esta primera parte de las memorias tampoco lo cuentan todo, por ejemplo cuando encargó en las FAES un informe sobre el ascenso y el carisma de un rival que le inquietaba: Julio Anguita. A Felipe lo tenía muy trillado, el desprecio era mutuo. En cambio Aznar estaba por hacer y no quería parecerse a Felipe ni a los últimos restos de la UCD. La modernidad empezaba por él mismo, y si hacía falta, Arriola le daba algunas pistas. Hubo un Aznar insolente que se quitó la chaqueta para pasear junto al Rey delante de la catedral de La Habana pero eso vendrá en la segunda parte porque estas memorias son en dos asaltos.

Lo más interesante ya ha trascendido: cuando el dedo sucesorio nombró a Rajoy a título de sucesor después de que Rato le negara dos veces; unos dicen que por despecho y otros porque Rato quería hacer caja.

Dentro de lo que cabe no se equivocó del todo porque Mayor Oreja da mejor como militante que como candidato. Rajoy era el hombre tranquilo y que no respondía a ninguna familia. Pero todo eso, así como la limitación del mandato o las tentaciones para volver forman parte de la segunda entrega. La verdad es que podía haber empezado por ahí, desde el día en el que descubre que tiene don de lenguas y puede poner las botas encima de la mesa del hombre más poderoso del mundo. Aquel Aznar que daba clases universitarias en inglés no tiene nada que ver con el joven opositor vallisoletano ni con el marido consorte de la alcaldesa de Madrid.

Por el camino se ha ido dejando no pocos principios y amistades. A su lado la biografía de Bono está escrita por Walt Disney. Es una pena que el libro se venda sin banda sonora porque le pega la de «Rocky», y a Bono El «do, re, mi» de «Sonrisas y Lágrimas». Es la diferencia entre haber escrito la Eneida y una obra para ser representada en la Calle 54 de Nueva York.

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