Luis del Val – La huelga insalubre.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Los médicos madrileños, en aras de preocuparse por los enfermos del futuro -lo cual les honra- llevan varios días de huelga. A consecuencia de ello, más de 6.000 enfermos del presente, que debían someterse a una operación quirúrgica, han visto aplazada, sine día, su intervención, lo cual les deshonra. Porque el dictamen de que a un enfermo se le deba intervenir en un quirófano, con el equipo de alta cualificación que ello lleva consigo, no la lleva a cabo ni la Guardia Civil, ni la autoridad administrativa, sino que se trata de una decisión exclusiva de los facultativos. Y se supone que, en aras de la salud del enfermo y, también, de la eficiencia del servicio, cuando se resuelve esa opción es indudable que se hace porque es necesaria. ¿Deja de ser necesaria si los médicos están en huelga? ¿Cuando los médicos están en huelga, hay un efecto secundario en la salud de la población, por medio de la cual los enfermos sanan de manera milagrosa?

Hay operaciones urgentes y otras, que lo son menos, de acuerdo. Pero, ¿más de seis mil eran aplazables? Y si lo eran ¿por qué no se aplazaron antes de la huelga?

Amén de ello, cerca de 40.000 personas sintieron molestias y acudieron al médico para que les aclarara la etiología de su dolor o de su malestar. Pero no les aclararon nada, porque había huelga. ¿Todos los enfermos son tan imaginarios como el personaje de Molière? ¿O puede que si se hubiera producido la consulta, en alguno de esos 40.000 casos se habría encontrado un síntoma preocupante que era preciso atajar? Otrosí. Dado el retraso en operaciones y consultas ¿cuándo lograrán los enfermos actuales ser atendidos con la misma eficacia que los médicos quieren para los enfermos futuros?

Aun suponiendo que tengan en todo razón, que su interés sea exclusivamente solidario, que ya es creer, que luchan por algo justo, y que quieren ser atendidos, la población de la capital del Estado comienza a tener la percepción de que a los médicos y a los sindicatos se les está yendo la mano. Y no porque entiendan del problema, sino porque ya no es raro que un familiar, un amigo o un vecino, no sea una de las damnificados de esta huelga insalubre.

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