Fernando Jáuregui – ¿En qué ha quedado el hilo telefónico Rajoy-Rubalcaba? Pues eso: en nada


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

En nada. En eso ha quedado tanta conversación telefónica, tanta protesta de acuerdo en tantas cosas, entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez-Rubalcaba. Al menos, esa es la impresión que le queda a quien ha escuchado las conferencias de prensa que ambos, casi a la misma hora pero en lugares que parecían alejados por millones de kilómetros, ofrecieron como final de un período de sesiones y como anticipo de lo que nos viene en 2013. El uno, desde La Moncloa, celebrando -es un decir- su primer año de mandato, achaca los males de la Patria a la difícil situación heredada de los tiempos de Zapatero. El otro, desde la sede del PSOE en Ferraz, piensa que todo lo reformado y recortado por el Gobierno del Partido Popular en estos doce meses se debe a que son la por lo visto malvada «derecha». Ya son ganas de tirar balones fuera, que diría un castizo. Y, así, las ansias de gran pacto, de acuerdos múltiples para construir una nueva realidad, evidenciadas por tantos ciudadanos -lo dicen las encuestas- quedan, una vez más, en una oportunidad perdida.

Pregunté a Mariano Rajoy, en su rueda de prensa en La Moncloa este viernes, acerca de su interpretación de esa frase del mensaje navideño del Rey en la que se pedía «hacer una Política con mayúsculas». Pienso que no me respondió, pero tampoco Rubalcaba lo hizo a un colaborador que le trasladó la misma pregunta. Creo que ni Gobierno ni PSOE han asimilado bien lo que el jefe del Estado quiso comunicar en este mensaje: hay que hacer una política de altos vuelos, sin intereses partidistas. Nueva. La verdad es que nunca como ahora sería posible reeditar aquellos pactos que configuraron una afortunada transición a la democracia, porque, entre otras cosas, entramos en un año en el que no hay elecciones, ni, por tanto, campañas electorales, ni, por consiguiente, necesidad de tirarse constantemente los trastos a la cabeza. Pero nada: seguimos en las mismas, pervive la envenenada y mortífera dialéctica de la «situación heredada» frente a la «perversa derecha». Una de las dos españas, nos dejó dicho Machado, ha de helarnos el corazón. Visto lo visto, quizá sean las dos las que, simultáneamente, nos lo hielen.

Debo reconocer que salí bastante frustrado de La Moncloa. Hubo mucho más de lo mismo y mucho menos de lo nuevo, si es que hubo algo nuevo: nada de reforma de una Constitución que aún debe servirnos para los próximos veinte años, nada de una nueva política con y hacia Cataluña. Tengo a Mariano Rajoy por una persona consciente, honrada y que quiere lo mejor para su país; pero me parece que no responde ya a las aspiraciones de una ciudadanía que quiere magos que saquen conejos de la chistera. Y casi lo mismo podría decir de un Rubalcaba que, en mi humilde opinión, es lo mejor que su partido puede presentar ahora frente a las ansias hegemónicas de un PP que sigue creyéndose en posesión de la mayoría absoluta. Pero es un Rubalcaba que sigue siendo una respuesta insuficiente. Como si no hubiera transcurrido este año atroz. Como si tanta reforma, inexistente en el programa electoral de un PP al que votaron casi once millones de personas, no hubiese horadado, quién sabe si de manera irreparable, su popularidad y prestigio. Y lo peor es que me parece que Rajoy así lo entiende.

También tengo a Rubalcaba por persona llena de sentido común. Pero su campo de maniobras es muy estrecho, y él lo hace aún más pequeño, a base de no saltar las espinosas vallas que le ponen los suyos y las grandes barreras que le opone el Gobierno. Parece incapaz de que sus propuestas, algunas bastante estimables, superen la barrera del sonido. Y, en todo caso, se está convirtiendo en un problema más que en una solución. Y, así, ambos se están convirtiendo en una especie de piras funerarias ambulantes, que saben que se abrasan en cumplimiento de un deber que, me parece, no saben cómo cumplir adecuadamente.

No escuché, en resumen, ni una sola frase mínimamente ilusionante en ambas ruedas de prensa. No basta con decir que el nuestro es un gran país -tópico por lo demás bien cierto-, ni vaticinar que en 2014 las cosas estarán mejor, porque es ante 2013 donde estamos los ciudadanos instalados. Y sigo sin entender para qué dos personas que, en lo humano y en lo ético, me merecen tanto respeto como Rajoy y Rubalcaba, malgastan tantas llamadas telefónicas total para -ya se vio este viernes de fin de curso- nada.

fjauregui@diariocritico.com

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