Prohibidos los ictus en «Fin de Año».

Entre la huelga de médicos y las fiestas, el HUCA, manga por hombro.
Esto no es una inocentada, aunque lo parezca. Ocurrió de verdad el día de los Santos Inocentes en el servicio de Urgencias de un hospital de una comunidad autónoma. Y no en un centro comarcal sino en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Esta crítica no va dirigida al personal sanitario que, a buen seguro, es víctima de una gestión deficiente y de unos protocolos, cuando menos, pocos eficaces y prácticos. Que tenemos un sistema de salud de los mejores del mundo, que han intentado imitar y clonar en otros países, nadie lo duda. Como tampoco que posiblemente estemos asistiendo a los estertores de este modelo de sanidad “pública, universal y gratuita”, por mor de las privatizaciones en masa previstas, auténtico regalo caído del cielo sobre inversionistas amigos del gobierno de turno siguiendo el paradigma de Madrid. Pero aun teniendo un sistema de salud envidiable, hay aspectos de gestión que no funcionan, o funcional mal. Y quienes sufren las consecuencias son los pacientes. Que se lo pregunten si no al usuario anónimo, inspirador de este artículo, que tuvo la ocurrencia de “perder la memoria” el día de los Santos Inocentes, que para mayor infortunio coincidió este año en fin de semana y con el puente de Fin de Año, y además en plena huelga del personal médico y facultativo; toda una cadena de coincidencias nada afortunada para quienes tuvieron que acudir al hospital estos días. El buen hombre, de 78 años, con un estado de salud física y mental más que aceptable, regresaba de dar su paseo matinal cuando, de repente, ya muy cerca de su domicilio, una especie de neblina blanca inundó su cabeza convirtiéndole en un ser vulnerable e indefenso en medio de la multitud desconocida que iba y venía entre prisas navideñas. Cuando al ver su cara de pasmo un vecino le preguntó qué le ocurría, irrumpió en sollozos como un niño y solo fue capaz de pronunciar: “No sé dónde estoy, ni cómo volver a casa”. El calvario vivido a partir de ahí no sé si calificarlo como bochornoso, impresentable, indigno, inmerecido, tercermundista, surrealista o si habrá algún apelativo más acorde que ilustre la realidad de entrar en Urgencias a las 13.30 h y recibir el alta a las 21.00 h, sin tratamiento, con un diagnostico de “hidrocefalia no aguda”, “desorientación” y “pérdida de memoria reciente”, pendiente de concretar citación para el neurólogo. Recordé aquella ironía del humorista catalán Eugenio: “Esto hágaselo mirar, eh, hágaselo mirar”. Y no hubo que esperar mucho para ello. Al día siguiente, tras enfrentarse a no saber dónde estaban ni el baño ni su habitación, e intentar incorporarse sin éxito, no solo seguía desorientado y la pérdida de memoria reciente continuaba, sino que la parte derecha de su cuerpo no respondía. Conducido nuevamente a Urgencias, con el parte de la noche anterior en la ambulancia, el paciente anónimo tuvo que permanecer CUATRO LARGAS HORAS en un sillón hasta que POR FIN le hacen un electro, un escáner y las pruebas protocolarias de neurología. Sus sensaciones y descripciones auguraban que la cosa era seria: “la parte derecha la tengo como paralizada”, “noto la cabeza como si la tuviera más gorda”, “siento esta parte de la cara más dura”, o “siento hormigueo en el brazo”. Ante la presunción de un infarto cerebral, a falta de más pruebas, deciden su ingreso, o mejor dicho, su “aparcamiento” en una cama hasta que pasen las fiestas, porque el sistema de salud también se había ido de puente. Así como suena, y además no tienen inconveniente en decir que hasta el miércoles, nada.

Aparte de uvas y campanadas son jornadas marcadas por una huelga de médicos que está durando demasiado. Y es que, grosso modo, algunos facultativos no están dispuestos a perder sus privilegios. Además de la nueva jornada laboral impuesta por el Gobierno (ley 2/2012 de 29 de junio), que deben aplicar las comunidades autónomas, no entran por el aro de tener que recuperar algunas horas –como otros funcionarios— porque el descanso postguardias no les computará íntegramente para cumplir la jornada ordinaria anual, cosa que sí era hasta ahora. No está bien que paguen justos por pecadores, pero es vox populi que muchos médicos “viven” prácticamente en los hospitales, haciendo guardia tras guardia, que cobran a precio de oro; que el curre gordo lo hacen los residentes y que a los titulares no se les despierta salvo en casos de extrema gravedad. Así que, un poco de orden no está de más.

Volviendo al ictus del anónimo ovetense cabe preguntar: ¿De qué sirve que se nos aconseje acudir “urgentemente” al centro de salud ante cualquier síntoma de hormigueo o paralización? ¿O es que –hablando de ictus—hay que entrar en Urgencias con la cara torcida o inconsciente para que se considere una emergencia? Expertos con los que hemos consultado en busca de explicaciones nos dicen que falló el “triaje”, protocolo de valoración de las urgencias, es decir, la catalogación de la “urgencia de la urgencia”, si me permiten el juego de palabras. Y en el caso que nos ocupa, desconocemos si por las causas aludidas, o por otras que se nos escapan –error humano, de cualquier forma—no se consideró como emergencia. Las preguntas nos siguen asaltando, y algunas no son muy políticamente correctas. Perdónenme la maldad, pero si el paciente tuviera 35 o 57 años, ¿habría sido condenado al abandono de cuatro largas horas en un sillón, favoreciendo que el ictus siguiese su curso, como iban demostrando los síntomas, incluso para un profano? Hoy, día de Año Nuevo, cuarto día de ingreso-aparcamiento, el paciente sigue a la espera de que el personal médico vuelva de su retiro “findeañero” y emprenda la expedición en busca del trombo perdido. Esperemos que sin resaca.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
✉ periodista@magdalenadelamo.com
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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