Antonio Casado – El caso Depardieu.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

El presidente de la comisión belga de nacionalizaciones ha dicho que si el actor francés, Gerard Depardieu, se decide a aceptar la nacionalidad rusa que acaba de ofrecerle Vladimir Putin, su país se pensará de nuevo si finalmente le conceden el pasaporte a su vecino de Néchin (Bélgica), una localidad cercana a la frontera con Francia. El razonamiento de Georges Dallemagne va sobrado de sentido común: las nacionalidades no se coleccionan como si fueran cuadros o soldaditos de plomo.

Y todo por huir de la tasa del 75% que el presidente Hollande quiere imponer a las grandes fortunas, a pesar de que la Comisión Constitucional de la República acaba de declararla contraria a la Constitución por ser un impuesto de apariencia «confiscatoria». Da igual. El actor, que se hizo famoso con su interpretación del galo Obelix, no dará marcha atrás. Insiste en dejar de ser francés por si el Gobierno persiste en el intento. Es el caso. Su ministro de Economía, Pierre Moscovici, ya ha declarado que, a pesar del frenazo de la Comisión Constitucional, se buscará otra forma de aplicar la medida a lo largo del año 2013.

Según el fallo de dicha Comisión, de la que forman parte nueve miembros nombrados por los dos Gobiernos anteriores, ambos de la derecha (Chirac y Sarkozy), la controvertida tasa para los ricos va contra la ley y «rompe la igualdad entre los contribuyentes». Lo segundo nos parece una obviedad a quienes defendemos un modelo progresivo. Es decir, que se paguen impuestos en función de los ingresos o la fortuna de cada cual, de modo que los tipos sean más altos para quienes más tienen. En todo caso, es una cuestión política. O, si se quiere, técnica. Asunto discutido y discutible, según las ideas y los conocimientos de cada cual. Tema de rabiosa actualidad en Estados Unidos, donde también se va a reclamar mayor esfuerzo a los más ricos. Incluso en España, con escasa fortuna para la propuesta de Rubalcaba porque su fuerza parlamentaria no da más de sí.

Pero el caso Depardieu, y el de todos los que defraudan o guardan su dinero en paraísos fiscales, debe ser visto en perspectiva moral. Se trata de comportamientos individuales que merecen suspenso en ciudadanía. No es de recibo el antipatriótico corte de manga que el actor le da a la Francia que le hizo famoso y millonario, sólo por no retratarse ante el Fisco en función de sus ingresos. Y eso da pie para recordar que la fragmentación de la riqueza nacional es una forma de separatismo tan grave o más que la fragmentación del territorio.

En España andamos sobrados de ricos y patriotas, pero evasores. Se expatría el dinero, ellos se quedan. Son conductas individuales que generan un inaceptable contraste entre la falta de solvencia de la economía española y las cantidades de dinero oculto en los burladeros del fraude y la evasión fiscal. Ya vimos cómo la generosidad del Gobierno con los defraudadores fue menos rentable de lo previsto. No aceptan éstos la solidaria aportación de su dinero a la maltrecha economía nacional.

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