Pedro Calvo Hernando – Noticia del imputado asesor.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Había transcurrido ya una semana desde el día de los Santos Inocentes y de pronto tuve la sensación de que los días y las horas se habían trastocado en mi mente tal vez calenturienta. Se hacía pública, entre los vapores de los últimos cavas festivos, la noticia de que Telefónica había nombrado a Rodrigo Rato como su asesor para Europa y América Latina. Miré fijamente el calendario, por si estábamos todavía a 28 de diciembre, la conmemoración de aquellos santos inocentes que dieron su vida por el capricho asesino de aquel dictador romano y que ha quedado para la historia en la ocasión anual para gastarse bromas grandes o pequeñas unos a otros ciudadanos de este país. Pero desgraciadamente no era una broma porque el 28 de diciembre había pasado una semana atrás. Ni eran una broma los 200.000 euros, y sin dedicación exclusiva, que se le asignaban al recién nombrado, del equipo de los privatizadores de Telefónica, vicepresidente económico del Gobierno, luego jefazo del FMI y después presidente de Bankia, símbolo del fracaso de una nación.

En las calles de esta España que ya creía haberlo visto todo y haberse curado de todos los espantos, las gentes no daban crédito, sin embargo, a la noticia difundida. Las gentes que lo habían perdido todo, los pobres de siempre, los nuevos pobres, las clases medias que ya eran cuartas u octavas. Nadie podía creérselo y sin embargo se demostró que era rigurosamente cierto. La imputación de Rato por Bankia, los miles de millones de euros por los rescates bancarios, los arruinados por las preferentes, la hecatombe, el ejército de parados, la gran corrupción político-económica, la biblia en verso… no eran suficientes para haber evitado un escándalo semejante. Y los huelguistas del metro de Madrid, al mismo tiempo, se sentían obligados a transigir con unos servicios mínimos inaceptables para no molestar a los miles de niños que querían presenciar la cabalgata de Reyes. Unos huelguistas que forman en las filas multitudinarias de los abandonados por el Estado del bienestar. Simbología todo de la España que nos atormenta.

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