Charo Zarzalejos – Duran o cuando las palabras no prescriben.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Es muy probable que Antoni Duran i Lleida nunca pensara que las palabras dichas en el año 2000 en diversos medios de comunicación, comprometiéndose a dimitir si se demostraba que su partido se había financiado ilegalmente a través del famoso caso Pallerols. Después de trece años de investigación judicial, ha sido la Justicia la que ha determinado que, efectivamente, hubo caso.

Cuando estos hechos se produjeron, tanto partidos políticos como sindicatos estaban exculpados de responsabilidades penales. Solo ahora se les ha incluido penal y es este el argumento -la no inclusión en el Código Penal- el que ha utilizado la portavoz de Unió para aseverar que Unió, como Partido, no estaba directamente relacionado con el asunto. En esta misma y asombrosa intervención, Marta Llorens, afirmó que la dirección del Partido nada sabía de los tejemanejes de los afiliados directamente implicados. Si la dirección nada sabia, ¿por qué Duran tiene que responder?, se preguntan en una perpleja y creo que desolada Unió.

En otras circunstancias, en otro momento es más que probable que las palabras de Duran dichas en el año 2000 ya hubieran prescrito como han prescrito otras muchas declaraciones de otros muchos políticos. Pero todo apunta a que no, que para Duran no hay prescripción alguna y que tarde o temprano tendrá, cuando menos, que dar explicación solvente y no solo porque objetivamente hubo financiación ilegal sino porque su «personaje» no es un «personaje» cualquiera.

Durán es uno de los políticos más y mejor valorados por los ciudadanos españoles. Ha sido su moderación, su vocación pactista y, sin duda, sus nulas veleidades secesionistas las que han contribuido a construir una imagen, un «personaje», ahora seriamente dañado porque ha sorprendido a quienes nunca le imaginaron inserto en la aventura secesionista y no acaba de convencer a los secesionistas de verdad que como se sabe mandan mas que el propio Gobierno de Mas y a la vez son oposición.

El político catalán, interlocutor privilegiado de todos los gobiernos que los españoles hemos tenido, atraviesa un muy mal momento político. Su posición es de extrema dificultad. Envuelto en el laberinto de sus propias palabras, al frente de un partido que se ha certificado que se financió ilegalmente y en una estrategia política -la de Mas- que, en el fondo no es la suya, va a resultar que lo más fácil para él mismo podría ser la dimisión.

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