Fermín Bocos – El hundimiento.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

No solo las guerras son las parteras de la Historia. También hubo regímenes que cayeron en épocas históricas en las que algunos países tuvieron la desgracia de estar en manos de castas políticas corruptas. La corrupción pudre la democracia. No hay día que no trasciendan nuevos casos o datos nuevos relacionados con historias de políticos corruptos, de gentes que han utilizado el cargo o su posición en el entramado de los partidos, para enriquecerse cobrando comisiones o recibiendo trato de favor en la compra de inmuebles. Por desgracia, la actuación de jueces y fiscales no apareja la diligencia exigible en la resolución de los sumarios relacionados con asuntos de corrupción. El resultado es conocido: demoras que eternizan los procedimientos dificultando la obtención de pruebas o prescripción de los delitos. La conclusión de este estado de cosas -como reflejan las encuestas-, está a la vista de todos; desnuda en medio de la plaza pública, pero quienes deberían combatir estas prácticas miran hacia otra parte y hacen como que solo ven aquellas corruptelas que resultan infamantes para sus enemigos políticos. Señalo a la clase política, pero, ¿qué decir de los empresarios (contratistas, constructores, etc) que corrompen para obtener contratos de obra pública? Pocos escapan a este juego que con la voracidad de las termitas y la tenacidad de los topos está minando nuestro actual sistema democrático. Sistema que también se resiente -y mucho- con el ingente fraude fiscal y los trucos de la ingeniería contable destinada a escaquear las obligaciones con el Fisco.

Señalar estas cosas no es alarmismo. Denunciar estas cosas en un país en el que al tiempo que los poderosos exhiben sin recato su poder -consiguiendo impunidad para algunas de sus fechorías- cerca de seis millones de personas están en el paro y algo más de dos millones viven por debajo de lo que eufemísticamente hemos dado en llamar «el umbral de la pobreza», es un deber cívico. El malestar social de fondo que está fermentando y que, de momento, cursa en forma de manifestaciones de protesta gremial desplaza mucho más agua de la que se aprecia a simple vista. No quisiera exagerar, pero, si las cosas no cambian, si quienes han provocado la crisis financiara no pagan en los tribunales, si los partidos políticos no cortan de raíz con las financiaciones ilegales y si quienes, por su alta magistratura y encomienda, no son ejemplo de conducta, cualquier chispa social puede generar el gran incendio que pondría en peligro la continuidad del sistema. Por no hablar de hundimiento.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído