Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Reformar la Constitución es ahora urgente, es de temer.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Dice Alfredo Pérez Rubalcaba que hay que reformar la Constitución en un triple sentido: territorial, social y político. El detalle ni está aún (bien) estructurado ni, mucho menos, suficientemente explicado, pero me parece que el secretario general del PSOE, que tantos errores ha cometido en su última trayectoria, tiene razón en este punto: sí, hay que introducir modificaciones de calado en nuestra ley fundamental. Y sí, todo el Título VIII, dedicado a la regulación autonómica, necesita una pronta actualización, de la misma manera que en materia puramente política se precisa un barniz más participativo. La Constitución de 1978 nació cuando España necesitaba sacudirse el polvo de una dictadura centralista, reorganizarse territorialmente y modernizar todas sus estructuras, comenzando por algunos esquemas arraigados en un sistema fuertemente autoritario. Es preciso, en ese sentido, un gran pacto entre las principales formaciones que dé comienzo, ya con algo de prisa y sin demasiadas pausas, a un proceso de convergencia y de reflexión a fondo con la meta del Cambio, que es algo más que la suma de varios cambios, en el horizonte.

El problema, en este bendito país, es que basta que el líder de la oposición sugiera cualquier cosa, por muy demandada que sea por la ciudadanía, para que el partido gobernante la rechace. Ocurrió, hasta sus últimos dos meses de mandato, con Rodríguez Zapatero, como antes había sucedido con Aznar y, antes, con Felipe González. Y, así, cuando Pérez-Rubalcaba pide una reforma constitucional, desde el Ejecutivo se le echan encima, acusándole de oportunista por no haberlo propuesto antes y olvidando que el propio Partido Popular ya trató de impulsar su propia reforma constitucional -reformando también el Título VIII- cuando era el PSOE quien mandaba y quien, por supuesto, se opuso a la iniciativa de los «populares». Y así, entre el «¿por qué no lo hizo usted cuando le tocaba?», el «y tú más» y el «yo lo hubiese hecho mejor», discurre el ínfimo debate político en esta España azotada por tempestades contra las que nadie parece querer luchar con un mínimo de sentido de la coordinación y de unidad, Pero ¡si ni siquiera se ha podido acordar, hasta ahora, una alicorta reforma de la Administración local, con lo necesitada que está de un viraje que la haga más eficaz y menos costosa! Entonces, ¿cómo confiar en que se puedan acordar otros cambios de aún mayor envergadura, como la regulación de la sucesión en el Trono, la ordenación territorial, la participación activa de los ciudadanos en la cosa política, la reorientación de instituciones como el Senado, la adecuación al mundo de Internet y un muy largo etcétera?

Y ahí seguimos, con una Constitución, la de 1978, muy válida en tantos aspectos. Pero en la que, por ejemplo, aún se sigue hablando del servicio militar obligatorio, que dejó de serlo… hace ya doce años. Inútil aferrarse a la plena vigencia de una normativa que, contra lo que afirma el mismísimo Rajoy, no va a poder perdurar, tal y como está, durante una década. Ni mucho menos. Quien tenga que meditar, que medite, porque ahora, cuando tenemos por delante un año sin elecciones, es el mejor, quizá el único, momento para poner en marcha un consenso en torno a un ambicioso plan de reformas.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído