Francisco Muro de Iscar – Jóvenes violentos.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Más de la mitad de los escolares españoles entre 12 y 18 años considera que «la violencia está justificada para conseguir determinados fines» y el 32 por ciento la emplearía para «proteger sus derechos» o, incluso, es partidaria de inculcarla a sus hijos. No es todo. El 27 por ciento de los adolescentes utiliza internet para «insultar o amenazar a amigos o conocidos». Y un 27 por ciento, también, está interesado en aprender a usar armas de fuego. Son cifras muy preocupantes sacadas de una encuesta realizada a 7.000 estudiantes españoles e italianos por la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), una patronal de la educación privada, con apoyo de la Comisión Europea.

Aunque los que han dirigido el estudio señalan que «en lo personal actuamos de una manera y en lo social, de otra» -es decir, que estamos de acuerdo con que se persiga el fraude fiscal, pero no tenemos problema en defraudar a Hacienda o no pagar el IVA- y que «las redes sociales no son la causa de la violencia», deberíamos hacérnoslo mirar porque los datos apuntan a situaciones que pueden ser muy peligrosas socialmente. Es cierto que estos mismo jóvenes que justifican, emplearían o enseñarían a sus hijos el uso de violencia y los que la practican en internet están dispuestos -un 56 por ciento- a firmar un manifiesto contra la violencia y hasta a impulsar leyes -un 30 por ciento- que limiten los contenidos violentos en los medios. ¿Confusión mental o bipolaridad?

Los jóvenes españoles, incluso niños de cuatro o cinco años, ven programas violentos en la tele, se divierten con juegos en los que el objetivo es «matar» y, desde la adolescencia, a veces antes, ven películas donde la violencia explícita, brutal, innecesaria es el argumento central, a veces el único. Es cierto también que muchos de los agredidos han sido agresores o víctimas en su propio hogar o en los centros escolares. Y la han absorbido en la televisión en esos programas de gran éxito donde la violencia verbal, y a veces física, es consustancial al programa. Y lo ven, en muchos casos, bajo la complacida mirada de sus padres o, cuando menos, con su silencio culpable. La encuesta señala que el 71 por ciento de los adolescentes no saben lo que piensan sus padres de religión o política… ¿Cómo no van a defender el uso de la violencia si saben que los violentos triunfan y nadie les dice que somos personas cuando usamos la razón y no la violencia?

Todo eso debería hacernos reflexionar sobre esa avalancha de violencia que reciben los niños y los jóvenes en los medios, la mayor parte de las veces sin ningún control de los adultos. Y lo malo no es que los mayores no sepan, el problema es que muchos no quieren saber nada. Prefieren mirar hacia otro lado. Una juventud violenta es el preludio de políticas de exclusión y de marginación para muchos.

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