Fermín Bocos – Caiga quien caiga.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

La reiteración de casos de corrupción cuyos protagonistas son personajes de la política está minando la confianza de los ciudadanos en el sistema democrático. Amplía esa desafección el cinismo tras el que se parapetan algunos de los dirigentes de los partidos pillados en precario. Semejante forma de proceder irrita en grado máximo cuando se ve a las claras que pretenden hurtar las responsabilidades políticas en aquellos casos en los que alguno de sus conmilitones ha sido pillado con cuentas no declaradas en Suiza o cuando se constata que poseen fortunas de origen dudoso. Sería el caso de Luis Bárcenas, exsenador, exgerente y extesorero del PP. Ahora que ha trascendido el «modus operandi» de este personaje que -según lo publicado, llevaba años enriqueciendo la nómina mensual de algunos dirigentes populares con sobres con dinero negro-, la explicación de la secretaria general del partido, la señora Dolores de Cospedal, no es de recibo. Pretender, como ha dicho, que la dirección del PP no ha contraído responsabilidad alguna en el «caso Bárcenas», es tanto como tomar el pelo al personal. Sobre todo si recordamos que no hace mucho se comprometió a dimitir en el supuesto de que un día se descubriera que algún dirigente de su partido o un familiar suyo tuviera cuentas en Suiza.

Cospedal fustigaba con estas ejemplarizantes palabras a los dirigentes de CiU (Artur Mas y Oriol Pujol) sobre quienes penden denuncias policiales y periodísticas sobre, precisamente, la atribuida tenencia de cuentas opacas en bancos suizos. En el caso de Bárcenas, la noticia de los 22 millones de euros que ha llegado a tener en Suiza, consta en un sumario de la Audiencia Nacional. Quiere decirse que, técnicamente hablando, la revelación no ofrece ninguna duda mientras que las noticias que señalan a Mas y Pujol, a día de hoy, no tienen marchamo judicial. De lo cual se desprende que quienes en su día exigieron (con razón) la dimisión de Duran Lleida por el «caso Pallerols» (otro escándalo de corrupción), hoy es la responsabilidad política que apareja el «caso Bárcenas» la que, por coherencia y decoro debería llevarles a la misma conclusión. Como ha dicho Esperanza Aguirre, expresidenta de Madrid, en este asunto hay que llegar hasta el final. «Caiga quien caiga» han sido sus palabras. Pues, eso.

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