Rafael Torres – Al margen – Los jueces, al rescate de la gente.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Merced a la diligente medida cautelar dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha, quien viva en alguno de los 21 pueblos despojados del servicio de urgencias médicas nocturnas por la adinerada María Dolores de Cospedal, y tenga el infortunio de sufrir un infarto de noche, puede salvar su vida. La Justicia, con esto, sigue pareciéndose cada vez más a la Justicia por el procedimiento natural de servir y socorrer a las víctimas de los ilícitos de todo tipo y de los abusos del Poder, en éste caso de Castilla-La Mancha tan brutales que pueden costar la vida a las personas.

Indignados con las devastadoras intrusiones del ministro del ramo, Gallardón, en el corazón de la Justicia, particularmente en lo que ésta tiene de garante de un ordenamiento igualitario, por su autoritaria y sectaria manera de producirse y por su trato desasosegante (vino a tildar a los jueces de peseteros por sus protestas), y no menos ofuscados por las enormidades del Gobierno en lo tocante al uso desaforado e hiriente, cuando no escandaloso, de los indultos (a torturadores, a corruptos, a «kamikazes»…), los jueces se han sentido, paralelamente, interpelados por una ciudadanía que, sintiéndose maltratada por el poder político, e indefensa por la radical corrupción de sus aledaños, busca su socorro, su amparo, porque ningún otro tiene en unas circunstancias, como las actuales, tan extremas.

Imbuidos de la dignidad, trascendencia y significado de su oficio, los jueces parecen dispuestos a asumir la alta responsabilidad que, por razón de él, les corresponde, una responsabilidad acrecida al constatar que fuera de ellos ya no parece haber, para la gente, ninguna otra instancia protectora y ningún arrimo institucional. En este sindiós desatado por el peor gobierno que España ha padecido en los últimos 35 años, que ya es decir, ésta locura de presidentes de comunidad y de alcaldesas que no eligió el pueblo en las urnas, de tráfico de influencias desatado, de miseria, de desahucios, de prevaricaciones, estafas bancarias y conspiraciones para alterar el precio de las cosas, de tesoreros del partido que gobierna llevándose decenas de oscuros millones a Suiza y repartiendo, al parecer, sobres por los despachos de la sede, de jefatura de Estado complaciente e inane, de áticos de lujo más que sospechosos y de entrega de la nación a los prestamistas internacionales, los jueces parecen ponerse las pilas para serlo verdaderamente.

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