Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Tiempo de paz.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Me alegré de la victoria electoral de Obama en noviembre. Lo otro era una confusa amalgama de retrógrados, religiosos de extraña procedencia, representantes de la América profunda y gentes que no aceptan a un negro en la Casa Blanca. Ocurre que Obama presenta puntos flacos, pero mantiene bastante incólume sus ideales. Ahora quiere hacerse merecedor de ese premio Nobel de la Paz que le otorgaron mientras mantenía la guerra en Afganistán. «Una paz duradera no exige una guerra perpetua», ha dicho en su discurso inaugural, en lo que muchos podrían, podríamos, interpretar como una renuncia al papel de gendarme que desde hace tanto tiempo se atribuyeron los Estados Unidos.

Cientos de millones de personas de todo el mundo siguieron la toma de posesión del hombre más poderoso del planeta, aunque procura, y a veces consigue, no parecerlo. Admiro, lo confieso, muchas cosas de Barack Obama: lo relajado que aparece, el que siempre encuentra tiempo para actividades que un líder político español consideraría «marginales», su sentido del espectáculo y su cerrada unidad familiar. En estos aspectos no hay fisuras, aunque las haya en otro orden de cosas; por ejemplo, que no ha podido cerrar la brecha entre las dos américas -también las hay, como perviven las dos españas–, que no haya podido limar las asperezas de los más extremistas y que haya hecho dejación del papel democratizador de los Estados Unidos en determinadas partes del mundo, lo que se contrapesa con la renuncia al papel de gendarme a la que antes me refería.

Soy un admirador de muchas cosas en Estados Unidos, aunque repudie otras, como el sistema penitenciario, la cerrazón de algunos Estados a abolir la pena de muerte y el excesivo ombliguismo del que se enorgullece el americano medio. Los cuatro años de Obama en la Casa Blanca han estado marcados por un indudable aumento de la simpatía del resto del mundo por los Estados Unidos o, si se quiere, por una disminución de la antipatía que supo sembrar George Bush. No sé si será verdad que, como dijo Obama este lunes en Washington, se abre un tiempo de paz en este cuatrienio que ahora comienza. Yo, por si acaso, con la emoción que me ha provocado una ceremonia apasionada, brindo por ello. Y por Obama, ejemplo para nosotros en tantas cosas.

fjauregui@diariocritico.com

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