Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Todos los cambios no son El Cambio


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Desde luego, no seré yo quien abomine de los cambios. Las mudanzas están en la esencia del ser humano, ya sea en forma de progreso, de retroceso o de mero paso lateral. Inútil enfrentarse a un fenómeno en progresión, como absurdo resultaba enfrentarse a la teoría de la evolución. Existen los cambios, y más vale considerarlos con un factor positivo, porque el estancamiento es la muerte. Pero ni la suma de todos los cambios es ese Cambio, en el sentido en el que muchos lo reclamamos, ni el afán por cambiar todo, en todo y todo el tiempo, puede considerarse como una actitud plausible. Y, así, nos encontramos, en la acción política del Gobierno, que, por lo visto, no quiere dejar títere con cabeza, muchas ocurrencias, algunas iniciativas dudosas y pocas líneas de actuación definidas y, menos aún, consensuadas. Y bien que siento tener que decir todo esto, porque, por supuesto, deseo fervientemente que el Ejecutivo acierte en su actuación: mucho nos va a todos en ello.

Reconozco que me siento perplejo ante alguna de las últimas derivas emprendidas por ciertos ministerios. Ni entendí la subida unilateral de las tasas judiciales, ni muchos aspectos de la reforma judicial, ni la inoportuna última vuelta de tuerca a la reforma educativa, que tanto molestó en Cataluña, ni el euro por receta… Ni ahora entiendo, lo reconozco, la necesidad de una nueva ley de Colegios Profesionales, que afecta a miles de personas con las que, simplemente, no se ha hablado.

Los españoles se muestran recelosos ante la actividad de sus representes, y forzoso es reconocer que muchas veces tienen razón. En lugar de limpiar con decisión los corrompidos establos políticos, en lugar de ponerse de acuerdo para reformar la normativa electoral, que tantas corruptelas y desigualdades genera, en lugar de hablar con los colectivos afectados por las normativas en proyecto –por mucho que vengan dictadas desde Europa–, se acude a la decisión unilateral, a la mayoría absoluta, al silencio y, alguna vez, al disimulo. Luego ocurren, claro, los estallidos de «mareas blancas», verdes o de las togas negras. O el desconcierto de colegios profesionales de honra raigambre, desde los farmacéuticos hasta los abogados o los procuradores, a los que nadie parece haber consultado desde el Gobierno sobre la conveniencia de implantar o no un nuevo «orden de cosas» en lo referente a la colegiación. Y menos aún acerca de cómo habría de ser ese nuevo orden de cosas, suponiendo que fuese necesario implantarlo.

Y, así, muchas cosas cambian, posiblemente con el objetivo de que todo siga básicamente igual. Porque lo que verdaderamente sería distinto, y no parece ello tan, tan difícil, sería gobernar de manera diferente, con la participación de los ciudadanos, tanto en la marcha de los partidos y las instituciones como en la propia tarea de fabricar leyes. Preveo, por tanto, no pocas «movidas» en torno a esa reforma de los Colegios Profesionales, susceptible, porque nadie la ha explicado de manera suficiente ni convincente, de generar nuevos problemas en el cuerpo social de este país nuestro, de este Estado inexplicado y tantas veces inexplicable.

fjauregui@diariocritico.com

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