Rafael Martínez-Simancas – Sin etiqueta – Banqueros arrepentidos.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

No es de extrañar que el Gobierno suavice las condiciones de personas condenadas por delitos dolosos para que puedan dirigir bancos. De arrepentidos está lleno el reino de los cielos, es una medida pensada en los delincuentes de cuello blanco que por aquí son legión y no tanto en «El Dioni» que era un chapuzas o en Julián Muñoz que se gastó en pantojas lo que se podía haber llevado a Suiza.

Los chorizos de cuello blanco son muchos y forman un lobby que aparece en las tertulias de la televisión, algo les habrá visto el Gobierno en su mirada cálida que significaría un arrepentimiento cabal. ¿Puede estar pensando el Gobierno en una posible condena a Rato?, tal vez pero en todo caso se trataría de uno de ellos porque hay mas. Los banqueros y el poder han tenido siempre una relación de afecto que está por encima del 14 de febrero que es día de enamorados.

Una de las últimas decisiones del ejecutivo de Zapatero fue indultar a Alfredo Sáez y con un sólido argumento de peso: «Se entendió que era razonable y punto», dijo el presidente en un rapto de lucidez. Aquello de la alianza de civilizaciones no nos salió del todo bien pero en cambio hicimos feliz a un banquero, esa hubiera sido una declaración mas redonda pero no fue el caso.

También José María «El Tempranillo» acabó de aliado de los «migueletes» que habían sido hasta el momento sus enemigos. Y de bandoleros rescatados está la banca española llena por lo tanto no serían los primeros en bajar de Sierra Morena y quién dice Despeñaperros dice el IBEX 35.

La tarea bíblica de separar el trigo de la paja corresponde al Banco de España que deberá mirar en el fondo de ojos de aquellos condenados que muestren dolor de corazón y propósito de enmienda. Se tratará de un expediente de depuración de sangre firmado con mucho protocolo y ante los monaguillos que fueran necesarios. Llegado el caso al banquero arrepentido se le llevará hasta la sede de la entidad en un coche de punto tirado por briosos corceles y con lacayos que porten peluca blanca como los penachos de los caballos. Todo un espectáculo para ser fotografiado por los guiris que pasen por la calle Alcalá.

No solo los rescatamos si no que les limpiamos el aura y los antecedentes penales. Seguro que nos volverán a timar los mismos pero como son conocidos dirán que se trata de un hurto menor. Bendita la ingenuidad nuestra que un día creyó que se castigaban los malos comportamientos, en absoluto, esta podredumbre moral lo atestigua, otra cosa es que nos quedemos callados. No todo es interés y sí es verdad que apestan algunos «cuentos corrientes».

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