Antonio Casado – Desventuras del tripartito.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Aunque en el momento de redactar este comentario no se ha producido la votación del Parlament sobre la Cataluña soberana, parece que saldrá adelante con los votos comprometidos en el pacto CiU-ERC de apoyo al Gobierno de Mas y dominante en la política catalana desde las elecciones del 25-N. La izquierda ecológica de Joan Herrera (ICV) se suma al apadrinamiento de esa resolución que reclama para el pueblo catalán el carácter de «sujeto político y jurídico soberano».

Sin embargo esta declaración, aunque sea aprobada por la referida mayoría parlamentaria, será tan solemne y tan inútil como las cuatro declaraciones anteriores que la Cámara autonómica ha hecho a lo largo de los últimos años a favor del derecho de autodeterminación. Es un intento claro de suplantar al titular de la soberanía nacional: el pueblo español. No lo puede permitir el Gobierno, ni las Cortes, ni los tribunales, que son las instituciones que representan a los tres poderes del Estado.

Aparte de esas razones inspiradas en mandatos constitucionales, me parece que el sueño secesionista de Artur Mas está seriamente amenazado por otros factores de la realidad más cercana y probablemente bastante más incómoda. Me refiero a las tensiones entre los socios del «tripartito» (CDC, UDC y ERC) creado como escudo protector del plan encaminado a conseguir el Estado propio en una Cataluña independiente.

El partido de Durán i Lleida no comulga en absoluto con el independentismo de CDC y de ERC. Por otra parte, ERC no comulga ni de lejos con las políticas económicas y las tesis conservadoras de CDC. Son el agua y el aceite. Y antes o después surgirán tensiones como las que ya han aparecido entre Unió y Convergencia. Sobre todo si, como se está viendo, el partido de Oriol Junqueras insiste en mantener la esquizoide conducta de hacer oposición sin dejar de apoyar al Govern. Tampoco se puede estar mucho tiempo manteniendo la hoja de ruta secesionista respecto al Estado mientras se está poniendo la mano para que el Estado aporte cientos o miles de millones de euros para tapar los agujeros presupuestarios de la Generalitat.

El último elemento que trabaja contra el recorrido previsto en la hoja de ruta soberanista es la corrupción. Con la sede embargada, el tesorero imputado y los hijos de Pujol que no dejan de salir en las coplas que hablan de fortunas amasadas de forma inexplicable en muy pocos años, además de lo que está por salir en materia de financiación irregular de CDC, la opinión pública catalana acabará sospechando antes o después que no es amor de país todo lo que reluce en el entorno nacionalista.

Por estas y otras razones el abajo firmante sigue creyendo que el pacto CiU-ERC va a tener una vida corta y accidentada. Y que el sueño soberanista, al menos en el actual formato, tenderá a desvanecerse entre las contradicciones internas y la aplicación de la legalidad por parte de los poderes públicos legítimamente constituidos.

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