Rafael Torres – Al margen – Pañales, comida y cárcel.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

El Gobierno del PP, tan inclinado al uso desaforado del indulto, esa arbitraria medida de gracia que tan poca gracia tiene cuando se emplea para excarcelar a torturadores, corruptos o kamikazes, no encuentra a la joven Emilia Soria digna de beneficiarse de uno. En el caso de esta joven madre de Requena, que usó una tarjeta bancaria que halló tirada en la calle para comprar pañales y alimentos para sus dos hijas de corta edad por un monto de ciento y pico euros, y que no sabemos si hemos conocido en los noticiarios o lo hemos soñado en una mala pesadilla, lo monstruoso no radica solo en que, emplazada a ingresar en prisión cinco años después de ocurrido el hecho, el Gobierno no la indulte automáticamente, sin pensárselo dos veces, sino en que en su día fuera condenada a varios años de cárcel por lo que, en puridad, de merecer algo, merecería el más cálido elogio social, pues, hallándose en la miseria, no dudó en utilizar el humilde fogonazo de buena suerte que constituyó el hallazgo accidental de la tarjeta para la atención de sus hijas carenciadas, única y exclusivamente para eso.

Pero este caso pone de relieve otra monstruosidad más, la que deriva de la radical asimetría en el trato que, demasiado a menudo, dispensan la Ley y la Justicia a las personas, dependiendo de las posición social y de los recursos de éstas. Así, mientras los grandes estafadores, corruptos y ladrones que hoy están, amargándola, en la boca de todos, gozan de libertad, incluso de libertad para volver a las andadas (véase, por ejemplo, la nueva norma que faculta a imputados en delitos económicos para dirigir bancos), esta Emilia Soria, soldado raso de la vida, no solo no recibe el trato clemente que su acción del pasado requeriría, sino que se pretende meterla en prisión, dejando a sus niñas chicas, por cierto, en el mayor de los desamparos.

Visto u oído en los noticiarios, o cosa de pesadilla, la amenaza carcelaria que pende sobre esa madre nos llena de estupor, máxime cuando Emilia Soria pagó ya, sin tenerlos, los 900 euros de multa que le pusieron y realizó puntualmente los trabajos para la comunidad que se le asignaron. ¿Cómo es posible, en medio del paisaje de impunidad de los depredadores, semejante ensañamiento con una inocente? Los noticiarios y las pesadillas cada vez se parecen más.

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