Isaías Lafuente – ¿Por qué no te callas?


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

La Encuesta de Población Activa certifica que el año 2012 acabó con casi seis millones de parados, que es como si en Cataluña, la Comunidad Valenciana, Aragón, Castilla y León y La Rioja no trabajase nadie. Con esta cifra dramática, la primera reacción del gobierno fue la del ministro Arias Cañete que ha afirmado con gran desparpajo que la reforma laboral «está dando sus frutos», una explicación que debe de formar parte del argumentario oficial porque ha sido inmediatamente coreada por algún compañero de partido como el diputado Rafael Merino. Desconozco los datos de los que dispone el ministro para sostener esta tesis, pero aunque existiesen y fueran fiables, no es el mejor día para darlos a conocer. Son una ofensa para el 26% de trabajadores que están en paro, para el 55% de jóvenes menores de 24 años que no encuentran el trabajo para el que se han formado, una verdadera bomba para los casi dos millones de hogares con todos sus miembros en desempleo.

Y si es atronador el despropósito de Arias Cañete, el ministro de Alimentación que come yogures caducados, más aún lo es el silencio de la responsable del Ministerio de Empleo, Fátima Báñez, de la que no sabemos en qué ocupará la agenda para que no tenga un minuto en el que salir y explicar a la opinión pública una encuesta tan devastadora.

Al ministro Arias Cañete no le contradicen sólo la realidad y el sentido común. También lo hace algún compañero de gabinete como José Manuel Soria que ha manifestado lo evidente, que los datos de la EPA demuestran que los efectos de la reforma laboral aún no se han trasladado «a la calle». Sería muy sencillo bucear en la hemeroteca para rescatar las declaraciones de los dirigentes populares antes de llegar al poder esgrimiendo una teoría simple: dado que el culpable de todo era Zapatero, su mera desaparición y la llegada a La Moncloa de Mariano Rajoy obraría el milagro de enderezar la economía en dos años y de crear 3,5 millones de puestos de trabajo por el arte de birlibirloque. Pero no hace falta agrandar la lista de agravios. Con lo dicho por Arias Cañete y con el silencio de la ministra de Empleo tenemos suficiente para reclamar a este gobierno que, al menos, no nos falte al respeto y que no hurgue en el dolor de millones de españoles heridos por el paro minimizando o maquillando una situación de emergencia que tiene tintes dramáticos.

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