Fermín Bocos – Trabajar como un negro.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

La parroquia que vela para que nada escape al corsé de lo políticamente correcto, no duerme. Vela por todo. Ni la lengua, ni las expresiones del idioma escapan a sus inquisitivos desvelos. La última noticia que tenemos de tan extendida grey procede del Uruguay. Un docto grupo de ciudadanos de aquella Republica Oriental se han dirigido a la Real Academia Española de la Lengua pidiendo justicia. Para ser exactos, el ajusticiamiento de una frase hecha que entienden que es incompatible con la filosofía que palpita entre los límites de lo políticamente correcto. Quieren proscribir la frase: «Trabajar como un negro», expresión, como se sabe, de uso coloquial entre los hispanohablantes para significar el desempeño de cualquier tarea que entrañe dureza y fatiga. La frase no va más allá, pero supongo que en el imaginario de quienes proponen que sea guillotinada por la RAE alienta el recuerdo del triste pasado esclavista que, por cierto, infama por igual a todas las naciones de la Tierra. Esclavos hubo de toda nación y geografía aunque en épocas históricas recientes fueron los negros africanos quienes llevaron la peor parte. La Historia es lo que fue. Nadie tiene poder sobre el pasado y las lenguas son lo que son como resultado de la aventura de los seres humanos y el devenir de las sucesivas civilizaciones.

Esta circunstancia es la que explica que la citada expresión -para la que ahora se pide el repudio-, permanezca en el uso cotidiano de la lengua como testigo de lo que fue nuestro pasado. La lengua española -al igual que el resto de los idiomas de uso en el mundo- guardan la memoria de la Historia. En todas las lenguas hay expresiones relativas a otros pueblos y a otras culturas. Son estereotipos, metáforas que se emplean sin pretender referirse a los pueblos o culturas a los que se alude. Se utilizan para ilustrar determinadas conductas o ciertas características de las personas. En español cuando en el tajo, uno le dice de otro que está descansando: «Macho, vives mejor que un cura» nadie piensa que pretenda zaherir a los clérigos tildándoles de holgazanes; otro tanto sucede cuando al niño que no para de enredar se le dice que «deje de hacer el indio». No parece que por eso deban ofenderse los habitantes de la India o los miembros de las tribus amazónicas. Por la misma razón no creo que nuestro atareado ministro de Economía (Luis de Guindos) vaya a solicitar de la Academia que retire la expresión «caerse del guindo», vista la guasa y el sarcasmo del personal ante la nula efectividad de la reforma laboral del Gobierno (en el año que lleva en vigor: ochocientos mil parados más y rozamos ya los seis millones). ¡En fin! Tengo para mí que para disgusto de los bien pensantes amigos del Uruguay, la respuesta de la Real Academia será «hacerse el sueco». Espero que no de pie a una nueva reclamación, esta vez, remitida desde Estocolmo.

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