Victoria Lafora – Impasibles.


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Agarrándose como un clavo ardiendo al «y tú más», Rajoy y Rubalcaba protagonizaron ayer el enésimo enfrentamiento sobre la corrupción sin dar explicaciones a una ciudadanía saturada de escándalos.

Impasibles ante el clamor popular los dos se exigieron contundencia para acabar con los casos que afectan a cada una de sus formaciones. Rajoy pretende, con la técnica que tan buen resultado le ha dado hasta ahora, correr un tupido velo sobre el caso Gürtel y confiar en que el tiempo y la lentitud judicial lo borren de la memoria colectiva.

Impasible, asimismo, se mostró la Casa Real ante la imputación del secretario de las Infantas, y eso que su comparecencia ante el juez acerca peligrosamente el incendio del caso Nóos a la hija del Rey. La dosificada y letal estrategia del socio de Urdangarin, Diego Torres, para no ser el chivo expiatorio de esta trama de corrupción, tiene como objetivo el corazón de la jefatura del Estado.

También impasible sigue el Rey, aferrado a su idea de no abdicar, aunque el prestigio de la institución de deteriora cada día. Los jóvenes de este país no se sienten identificados con su persona y consideran que su papel en el intento de golpe del 23F es un capítulo de los libros de historia.

Ayer el Príncipe cumplió cuarenta y cinco años, una edad lógica para el relevo, precisamente en un momento de crisis institucional. Que mejor ocasión, si es que se quiere dar continuidad a la monarquía como forma de Estado, que empezar la imprescindible catarsis por la Casa Real. Este país necesita reinventarse de arriba abajo, recuperar su autoestima que los escándalos, la corrupción y la impunidad con la que han actuado las clases dirigentes, ha arrastrado por los suelos. Lo lógico es empezar desde arriba.

El Rey debe meditar si quiere salvar su reinado o, como hizo su padre, salvar la monarquía.

Otro que también mantiene impasible el ademán es el presidente madrileño Ignacio González. Que el Constitucional le tumba el euro por receta, no cambia el gesto, se limita a lanzar una velada amenaza a los contribuyentes de que se buscará otra forma de exprimir sus bolsillos. Aliviado en lo más íntimo porque la cuenta suiza de Bárcenas haya tapado las investigaciones sobre su ático de lujo en Marbella, prefiere no hablar de todos los imputados del PP de Madrid que, casualmente, también tenían el dinero de Gürtel en la banca helvética. Su misión fundamental es privatizar la sanidad madrileña y a ello dedica todos sus desvelos.

Ni hablar de poner en marcha la iniciativa de nombrar a Pizarro, esa mano blanca, como fiscal de corruptelas en Madrid. Si Esperanza Aguirre quiere potenciar su carrera hacia Moncloa, que se las apañe como pueda. Bastante tiene él con lograr que le permitan presentarse a candidato cuando acabe su periodo de suplencia. Porque, a Ignacio González, no le quieren ni en el PP ni en Moncloa y menos tras el desafío del euro por receta.

Se ha llegado a un grado de deterioro tal que la tendencia del «sálvese el que pueda » va a propiciar denuncias internas que permitirán sacar a la luz hasta el último céntimo robado al erario público.

Pese a su impasibilidad se va a acabar sabiendo todo.

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