Fernando Jáuregui – No te va a gustar – No disparéis sobre el pianista, que es peor


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Muchos años mirando, desde una razonable distancia, la política española me han convencido de algo: cuanto más se le azuza a un presidente del Gobierno para que haga una remodelación de su Gabinete, más se pospone la crisis, o la minicrisis. He escuchado tantas veces la frase «a mí nadie me impone ni me quita ministros» que me parece hasta aburrida. Se trata, ni más ni menos, que de uno de esos atavismos tan consustanciales a la política española, según los cuales quien tiene el poder lo administra a su gusto, olvidando que representa a unos electores, que le han votado (o no), y a unos contribuyentes, que pagan (más les vale) esos impuestos que sirven para, a su vez, abonar los sueldos de los políticos, entre otras cosas. Y, así, antes se dispara sobre el pianista, o se mata al mensajero, que se actúa para resolver situaciones críticas.

De manera que no me hago ilusiones si proclamo, de nuevo –me parece que no soy el único; de hecho, es un clamor–, la necesidad de una urgente modificación en algunos ministerios. Y conste que no me refiero (solamente) a la titular de Sanidad, sobre cuyas presuntas culpas no tengo la suficiente información como para lanzar una piedra más, ya que la primera se la lanzaron hace bastantes días: aquí, la falta de credibilidad de la llamada clase política, instalada en la calle, se impone por encima de si el acusado es inocente o culpable, porque la gente, cabreada, desconfiada, malhumorada por tantas cosas, pide sangre fresca. Y es eso lo que Mariano Rajoy no quiere dar a la opinión pública, probablemente con justicia y hasta quién sabe si con razón, pero, desde luego, sin sentido de la oportunidad ni de los tiempos políticos.

Ocurre que yo pienso en una remodelación más amplia, que salve los muebles a un Rajoy al que no solamente desde la oposición le piden que se marche. El presidente del Gobierno, que yo creo que nos haría un flaco favor a todos dando el portazo ahora, como le pide la oposición, no puede presentarse, así como anda ahora, al ya inminente debate sobre el estado de la nación, porque saldría de él destrozado. Tiene que reforzarse con un vicepresidente económico, deshaciéndose del lastre de algunos ministros especialmente «quemados» -alguno de ellos, no todos ellos, por propias culpas–, e incorporar al Ejecutivo a figuras de prestigio y de limpieza probada, aunque no militen en el PP, si es que aún quedan mirlos blancos que quieran incorporarse a esta loca pajarería de la cosa pública.

Y ya sé que Rajoy está muy dolido con Rubalcaba -el juego de la política es implacable, y el presidente debería saberlo–, pero nunca está de más insistir en la conveniencia de los grandes pactos; qué duda cabe de que ello restituiría a nuestros políticos una parte de la popularidad perdida. Lo que ocurre es que el tiempo, ese tiempo que tan mal miden ellos, se echa encima, y eso sí que no hay quien lo detenga, por mucho empeño que se ponga.

fjauregui@diariocritico.com

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