Rafael Torres – Al margen – Contubernio judeo-masónico.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Dice el Partido Popular ser víctima de una conspiración, de una especie de contubernio judeo-masónico que pretende que pierda en la calle lo que ganó en las urnas. Como argumento defensivo deja, desde luego, mucho que desear, pero mucho más deja sepultada la verdad: lo que se gana en las urnas solo puede invertirse en beneficio de la calle (la sociedad, el pueblo), y la calle, además de sentir repugnancia por las fundamentadas sospechas de corrupción en el partido que gobierna, está llena de parados, desahuciados, excluidos, estafados, humillados y ofendidos por la política social y económica, de sumisión absoluta a los prestamistas internacionales, que practica ese Gobierno precisamente. O dicho de otro modo: no se puede inferir un maltrato general y continuado a la gente sin que ésta, en uso de su insoslayable instinto de supervivencia, y últimamente también por sed de dignidad, acabe rebelándose contra el torcido uso de esa victoria electoral. El caso Bárcenas, que es el caso Gürtel, que es el caso PP, no es sino la gota, la sucia gota, que ha colmado el vaso.

Poco debe temer el PP al PSOE, su reciente aliado en el timo del arbitraje a los estafados por las Preferentes y en el veto a la Judicatura para que no vaya a opinar sobre los desahucios masivos al Congreso, pero mucho a la calle que tanto desprecia. Esa calle, que seguramente no castigó con la debida contundencia la corrupción en el pasado, cuando nadie pasaba hambre, hoy ya no tolera el espectáculo de las cuentas suizas y del trajín de sobres, así como a un presidente que rehuye las preguntas de los ciudadanos a través de los periodistas, sus «mediums» informativos naturales, ni a una ministra de Sanidad que se benefició, como acreditan las investigaciones policiales, de los caros regalos de una banda de delincuentes. En la calle no se soporta que un hijo se quede sin beca, sin comedor, o sin zapatos, porque unos tipos decidieran saquear impunemente y desde dentro las Cajas de Ahorros, o porque otros, desde un lado y del otro de la política, se engolfaran en el reparto de los bienes nacionales constituidos en botín.

Caerá Ana Mato, pero no por la presión de los agitadores del comunismo internacional pagados con el Oro de Moscú, ni siquiera por la exigencia de la calle, sino porque Rajoy creerá que sacrificándola podrá ganar tiempo. Y puede que lo gane, pero a costa de que siga perdiendo, y no solo tiempo, la sociedad.

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