Fermín Bocos – Corrupción rima con dimisión.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Corrupción es la palabra de moda. Con excepción de las Fuerzas Armadas, pocas son las instituciones que se salvan en el penoso etiquetado de casos relacionados con historias de corrupción. El suma y sigue, es descorazonador. La última sombra cae sobre el mundo del fútbol por supuestos apaños de partidos relacionados con las apuestas. En los casos que afectan a partidos políticos hasta ahora sólo se libran el PNV, UPyD e Izquierda Unida. Aunque la formación nucleada entorno al Partido Comunista al haber entrado en el gobierno del PSOE en Andalucía ha desandado todo el camino que habían recorrido denunciando el turbio asunto de los ERES fraudulentos que afectan a una de las consejerías de la Junta. Con el PP asediado por las sospechas que emanan del caso Bárcenas -y los ya famosos supuestos asientos contables-, y con CiU, manchada por la imputación del secretario general de Convergencia (Oriol Pujol) en lo de las ITV y con Unión (Durán Lleida) marcada por la sentencia que establece que hubo desvío de dinero público en el caso Pallerols, la pregunta que se hacen los ciudadanos, es sí el país va a poder seguir en ésta situación. Sí vamos a poder soportar nuevos casos de corrupción.

Siendo comúnmente admitido que cuando se trata de políticos, las ocasiones que dan pie a conductas corruptas suelen tener mucho o todo que ver con el actual sistema de financiación de los partidos parece llegado el momento de cambiarlo. Cambiar el sistema para hacerlo más realista y, sobre todo, más transparente. Otro cambio que contribuiría decisivamente a oxigenar el ambiente, será la modificación de la actual Ley Electoral. Fuera las listas cerradas. Listas abiertas y que los ciudadanos podamos votar a personas concretas, no a siglas partidarias.

En Gran Bretaña, dónde sí hay listas abiertas, Cris Huhne, un diputado del Partido Liberal dimitió como ministro al haber sido acusado de mentir para salir airoso de un lance de tráfico relacionado con el exceso de velocidad del vehículo en el que viajaba. Para no ser sancionado y perder puntos, dijo que era su mujer quien conducía. Ahora, tras el juicio y tras reconocer que mintió, también ha renunciado a su escaño en el Parlamento. En Alemania, el año pasado, fue el presidente del República (Christian Wulff) quien dimitió tras un episodio relacionado con un caso de trato de favor. España es diferente. Aquí, el verbo dimitir se conjuga poco. Habría que recordárselo a la ministra de Sanidad (Ana Mato) que hace como que confunde «con insidias de la prensa», el último informe de la Policía Judicial (Udef) que investiga la trama «Gürtel». Hablando de casos de corrupción, España sigue siendo diferente.

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