Cayetano González – Regeneración urgente.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Un país, como España, donde los ciudadanos -según el último barómetro elaborado por el CIS- consideran que después del paro y de la crisis económica, el principal problema es la clase política y la corrupción, significa que algo va muy mal. Un país, sigue siendo el caso de España, donde el 82 por ciento de los ciudadanos confiesa que el presidente del Gobierno les inspira poca o ninguna confianza y que en el caso del líder de la oposición, esa cifra se eleva hasta el 88, pone de manifiesto la grave crisis política e institucional que estamos viviendo.

Por eso no es de extrañar que el verbo que empieza a estar más de moda entre los ciudadanos y que incluso algunos políticos -Aznar y Esperanza Aguirre son los últimos ejemplos- se atreven a manejar es el de «regenerar». Según el diccionario ideológico de la lengua española «regenerar» significa en una primera acepción, «dar nuevo ser a una cosa que degeneró» y en un segundo lugar, «restablecerla o mejorarla». Nadie dudará de lo acertado de esta definición para hacer el diagnóstico de la situación actual de España.

Empieza a haber un acuerdo casi general que después de treinta y cinco años desde que se llevó a cabo la transición política y se aprobó la Constitución, el sistema necesita una regeneración a fondo, porque claramente no funciona. La corrupción es un mal generalizado, que por mucho que se empeñen los propios políticos en afirmar que afecta sólo a unos pocos, el hecho cierto es que la lista de casos de corrupción que ha habido en España en todos estos años, en sus diferentes Administraciones Públicas, en los partidos políticos, es demasiado extensa. Pero además, es que se ha hecho muy poco o nada por atajarla.

Hay que ir a un sistema de listas electorales abiertas, donde el ciudadano tenga la posibilidad, no solo de votar unas siglas, sino de elegir directamente o de tachar los nombres de las personas que quiere que le representen. Hay que reformar a fondo el funcionamiento interno de los partidos, evitando que alguien que no ha tenido antes de aspirar a algún cargo, ninguna experiencia laboral fuera de la política pueda perpetuarse toda su vida en las estructuras de los mismos. Hay que establecer mecanismos internos de control para detectar a los corruptos. No puede suceder, como en el caso de Luis Bárcenas, que habiendo sido durante diecisiete años gerente del PP, nadie de la cúpula estuviera al tanto de sus andanzas. ¿Tienen los dos grandes partidos nacionales, el PP y el PSOE, la voluntad de llevar a cabo esa imprescindible regeneración? ¿Pueden llevarla a cabo o eso es imposible porque ellos son parte del sistema que hay que regenerar? Son dos interrogantes a los que hay que dar respuesta y hacerlo con urgencia porque esto no da más de sí.

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