Francisco Muro de Iscar – La amenaza del desempleo juvenil


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

El paro es la principal preocupación de los ciudadanos españoles porque las cifras son salvajes. Pero no hay palabras para valorar las cifras del paro juvenil que superan ya el 50 por ciento y se aproximan hacia el sesenta. El doble o más que en Europa. Si no sacamos a estos jóvenes al mercado laboral como sea, con incentivos, con ayudas, con imaginación, es posible que estemos condenado a una o dos generaciones a no trabajar nunca. Y sobre todo no sólo les vamos a echar del mercado laboral: les vamos a expulsar socialmente, a convertirlos en parásitos sin derechos y sin futuro. Tal vez el problema no ha estallado porque el colchón familiar sigue siendo fuerte, pero no va a aguantar mucho más.

No creo que tengamos un estudio serio de qué es lo que realmente hay detrás de esas cifras de paro juvenil: falta de formación o formación no adecuada para las necesidades del mercado; fracaso escolar; escasa atención a la formación profesional dual -con formación y trabajo simultáneo en la empresa-; alejamiento de las necesidades de reales de demanda; impuestos y barreras excesivos para la contratación de estos jóvenes. O todo junto. Dicen los expertos que cuanto más alto es el nivel de formación, mayores son las posibilidades de empleo. Un título universitario favorece más el acceso al empleo que uno de nivel más bajo. Y el presidente de un prestigioso despacho de abogados asegura que» a más títulos, mayor rendimiento». Tengo dudas porque hay muchos universitarios que tienen que «rebajar» su currículo para optar a los escasos puestos de trabajo que reciben. Hay que apostar por la formación, pero también hay que mirar al mercado.

Tampoco tenemos un estudio serio de lo que hay que hacer para acabar con este problema. El Gobierno prepara un plan, más o menos dotado, pero la falta de negociación con la oposición y con los agentes sociales no garantiza su éxito. Este es un problema de Estado, de supervivencia, de paz social. Lo que vaya a ser España después de la crisis depende también de lo que hayamos hecho con los jóvenes antes de que se termine. Y hay soluciones que no pueden esperar más tiempo: incentivos a las empresas, especialmente a los autónomos y a las pymes, inversiones selectivas -especialmente en FP que conjugue empleo parcial con formación- en educación e investigación, supresión de cotizaciones sociales, tarifa plana al autoempleo, salario joven a cambio de trabajo social.

Me complació escuchar a la presidenta de la CRUE que la empleabilidad no estaba entre las misiones de la Universidad, pero que ya la han asumido y que se preocupan por lo que hacen los licenciados, les ayudan a crear empresas, colaboran con las empresas para nuevas políticas de prácticas o recuperan a alumnos que han quedado fuera de la demanda. El desempleo juvenil es una catástrofe sin precedentes que hay que abordar como sea. Tantos jóvenes sin esperanza y sin horizonte son un polvorín a punto de estallar. Y con razón.

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