Isaías Lafuente – Cualquier tiempo pasado.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Comencé a trabajar en la radio hace 27 años, junto a Iñaki Gabilondo. Viví junto a él los últimos años turbios de los gobiernos de Felipe González coronados por el estallido de Filesa, los Gal y el escándalo de Roldán, el responsable de la Guardia Civil que devino en delincuente. Recuerdo a Melchor Miralles y Ricardo Arques, periodistas entonces de Diario 16, convertidos casi en colaboradores del programa contando cada portada relacionada con la guerra sucia. No se me olvida el día en que Luis Roldán apareció en el estudio cargado de papeles que justificaban su patrimonio pero en donde no estaban los asientos en B, los que la justicia valoró con el tiempo en más de 10 millones de euros. Y recordaré siempre la enorme entrevista que Iñaki hizo a Felipe González y que comenzó con la pregunta: ¿organizó usted los GAL? Nunca antes ni después un presidente de gobierno se ha enfrentado a una pregunta tan dura.

Los escándalos principales y alguno secundario -recordemos a Mariano Rubio- acabaron con las dimisiones de Alfonso Guerra, Narcís Serra, Julián García Vargas, Julián García Valverde, Antoni Asunción, Vicente Albero y José Luis Corcuera, y con un ministro, un secretario de Estado y un director de la Guardia Civil en la cárcel. Quede constancia para disipar ese extendido de que aquí no dimite nadie y para certificar el grado de pestilencia con el que acabó aquel gobierno que, por otra parte, tanto contribuyó al asentamiento de la democracia y a la modernización del país. Las urnas dictaron sentencia en 1996.

Desde luego, cualquier tiempo pasado no fue mejor. Pero el barrizal pretérito no limpia el presente por comparación. Es más, lo que duele precisamente es que con ese pasado que denunció hasta la saciedad el partido que ahora gobierna cuando estaba en la oposición, treinta años después la historia no sólo se repita sino que se haya extendido hasta tocar casi todas las instituciones del Estado, desde pequeños ayuntamientos hasta la Casa del Rey, pasando por gobiernos y por partidos con responsabilidades de gobierno. Rajoy tiene en estos momentos un gravísimo problema en casa. Y las responsabilidades no se pueden fiar a la demora de la justicia ni se deben tratar con decimales. Que recuerde cuando su compañero de partido, Federico Trillo, espetaba a Felipe González su responsabilidad «in vigilando». O que se mire en el espejo de un compañero de gabinete, Manuel Pimentel, que dimitió por un asunto que tocaba a la mujer de uno de sus directores generales, porque, dijo, «uno debe ser responsable de lo que hacen sus colaboradores».

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