Carlos Carnicero – Rajoy y Bárcenas: miserias y secretos compartidos.


MADRID, 09 (OTR/PRESS)

Rajoy no quiere hablar de Bárcenas hasta el punto de que no ha pronunciado su nombre. No quiere dar vueltas a un asuntos que «no es verdad, salvo algunas cosas». Relativismo filosófico y político. En España no ha comparecido ante la prensa. Ni siquiera reúne esa condición su pronunciamiento leído y sin preguntas ante la dirección del partido.

Rajoy pretende que es un hombre honrado y nos pide que le creamos. ¿Será una promesa parecida a su compromiso con su programa electoral? La política no es una religión en donde se pueda exigir la fe incondicional de sus feligreses.

Todo son apuestas genéricas por la honestidad y la transparencia. Su única respuesta concreta es que jamás ha recibido dinero negro. Pero no ha hablado si cobró sobresueldos. Ni una palabra de condena al que fue tesorero o gerente del partido durante veinte años. Ni una reclamación a quien se llevó al menos 22 millones de euros a Suiza. Ni un comentario sobre la aplicación de la amnistía fiscal a este defraudador en manos de los tribunales.

Hagamos un ejercicio de ficción. Imaginemos que el gerente de nuestra empresa, con un sueldo generoso pero no tan expansivo para tamaños ahorros, es procesado en una trama de corrupción y se descubre que atesoró 22 millones opacos al fisco. Imagínense que el presidente de la compañía pretende que no se enteró. Supongamos que directivos de la compañía, incluido su presidente, están bajo sospecha de haber recibido importantes cantidades complementarias a su salario en metálico envuelto en un sobre.

¿Qué pensarían los accionistas de la compañía? ¿Sería de recibo que el presidente de la sociedad, ni siquiera hiciera una condena pública y precisa de su gerente corrupto?

¿Por qué no se querella Mariano Rajoy contra Luis Bárcenas? ¿Por qué no le reclama el dinero que sin duda desvió de donaciones, legales o ilegales, hechas al partido por empresas que se beneficiaron de importantes contratos con la administración?

Mariano Rajoy se puede blindar en el búnker de La Moncloa. Puede evitar salir a la calles, excepto a los compromisos internacionales ineludibles. Allí siempre se encontrará un periodista que le pregunte por estos asuntos. Si lo que ocurre es que el presidente no quiere dar más vueltas al escándalo Bárcenas y está cansado de este asunto, tiene un problema muy serio. En un estado de derecho y en una democracia que pretende ser avanzada, el silencio, el cansancio y el no querer dar más vueltas no es una opción para evitar responder a las inquietudes legítimas de los ciudadanos.

La legitimidad del poder exige ejemplaridad ética. Y transparencia, porque los ciudadanos tienen derecho a conocer la verdad. La soga que ciñe el cuello de Rajoy se está estrechando. Y su suerte corre en paralelo a la de Luis Bárcenas, a quien ni siquiera ha mencionado en público desde aquel día de 2009 en el que aseguró que «ponía la mano en el fuego» por el tesorero del Partido Popular.

Mariano Rajoy tiene el brazo abrasado por ese fuego. Y tendrá que ir respondiendo o guardando silencio ante cada una de las evidencias que sigan apareciendo.

Si el presidente del Gobierno piensa que puede zanjar el asunto con seis folios de resumen de contabilidad de su partido es que piensa que los españoles son idiotas y desconocen en absoluto como se confecciona una contabilidad oficial, a la que ni siquiera tiene acceso en totalidad el tribunal de cuentas. Y como se trabaja con una contabilidad «B».

Está claro que Mariano Rajoy tienen miserias y secretos compartidos con Luis Bárcenas. Por eso la suerte del uno está en manos del otro.

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