Bárcenas coloca al Gobierno de Rajoy en la pendiente resbaladiza.


El Partido Popular ha anunciado querellas a diestro y siniestro contra quien ose acusarles de corrupción. Mal andan en los barrios de la gaviota si en lugar de afanarse en despejar las dudas que en estos momentos penden sobre ellos, utilizan la artillería del poder para matar a los mensajeros, algo propio de los regímenes totalitarios, que no es el caso. Eso sí, si no es veraz lo publicado en los papeles de Bárcenas, deben presentar querellas –me extraña que, excepto Ana de Palacio, no lo hayan hecho ya— o, como mínimo, un escrito de rectificación a los medios que publicaron la noticia. Hay que decir, no obstante, que catorce asientos son auténticos, según han corroborado los aludidos. Que no se hayan querellado contra el tesorero exsenador y alpinista de las cuentas suizas es algo que nadie entiende. Por eso, no es de extrañar que los ciudadanos piensen mal, aunque no acierten: “que Bárcenas tiene bien agarrado al PP y que temen que tire aún más de la manta”. Yo no les acuso de nada, pero les exijo claridad, transparencia y gritos de verdad a los cuatro vientos. Luz y taquígrafos que se dice, cosa que, de momento, brilla por su ausencia. En realidad, y pensándolo mejor, sí los acuso de varias cosas: de no ser más diligentes y claros en sus explicaciones; de no haber mostrado sus declaraciones de la renta en el minuto uno –llegan tarde—; de dar ruedas de prensa –o como se llame eso que escenifica Rajoy—a través de un monitor, despreciando a los medios, teniendo que perseguirle hasta Berlín para que respondiera a los periodistas; de no saber moverse –para no meter la pata— sin el argumentario que redactan los gabinetes de prensa; de mantener en el Gobierno a personajes relacionados con la trama Gürtel, léase Ana Mato, protegida por un alto dirigente del PP con mucho poder desde siempre. Nos hubiera salido más barato comprarle una tonelada de confeti para ella sola. Parece que le encantan esos papelitos que aunque suenan a dulce no se comen, e imitan la nieve cuando caen, y se quedan enredados en el pelo y la ropa. Muchos miles de euros en esa cosa de colores, o en globos, ya ni se sabe, que parece que le cargaron a la factura del Getafe. Más complicado aún, me parece a mí. No sé si Mato es culpable de algo o no –dice Trías que ayudó con su declaración a que el juez Pedreira archivara el caso—, pero chirría que la persona que obliga a los enfermos de cáncer a pagar la ambulancia para ir a la sesión de quimioterapia y hace pagar los laxantes y otros fármacos a los pensionistas, se dé esos lujos de Jaguar –aunque no sabe quién lo puso en su garaje aunque esté a su nombre—, Louis Vuitton, viajes y otras vanidades. Regalos sí, pero pagados con dinero de dudoso origen y no se sabe a cambio de qué. Y la mujer del César no solo debe ser honrada sino parecerlo, sobre todo en política—aunque en este caso el César se llame Sepúlveda y siga cobrando del PP aun estando imputado en la Gürtel. ¡Vaya tropa! El daño que le están haciendo al partido estos dos es irreparable. Y para colmo, el presidente de todos los españoles la consuela y se conduele: “Tranquila, sé por lo que estás pasando”, Mariano Rajoy dixit. Así anda ella de altiva, presentando libros y evitando las preguntas de los periodistas, última moda por cierto entre los políticos de todos los colores y sabores. Muy mal, don Mariano, muy mal. Los suyos –excepto los del glamour de la cupulita—están que trinan. Me refiero a tantos diputados, senadores, concejales y militantes peperos que creen en la política como un servicio a la sociedad, y llevan en alto el estandarte de la honradez, que como decimos de las meigas, haberlos hailos. No es de extrañar que el señor Rajoy suspenda en las encuestas con una nota tan baja.

Siento gran pena que este carnaval esté ocurriendo en un partido del que esperábamos la vuelta a la regeneración política; de verdad. Después de tanta corrupción socialista, tanto despilfarro que hizo disparar la deuda pública, tantos planes de la E a la Z, tantas leyes para imponer el laicismo radical, como la del matrimonio homosexual con derecho a la adopción, el divorcio expréss, la ley de plazos del aborto o la ley de muerte digna –puerta de atrás a la eutanasia—, afortunadamente congelada por el Gobierno de la gaviota, creíamos que llegaban los salvadores de España. ¿Fuimos ingenuos y nos la dieron con queso? Puede ser, pero así lo creímos a pies juntillas. No entro en detalles pues ya abroncamos al Gobierno en una serie de artículos desde el mismo día que empezó a incumplir el programa, subiendo el IRPF. Pero este escándalo no lo esperábamos, e independientemente de si los papeles de Bárcenas tienen un original o no –toda copia lo tiene—, o de si están cocinados o no, es necesaria una aclaración urgente y convincente que hasta ahora no ha habido. Y la bomba de relojería tendrá unos efectos devastadores si no consiguen desactivarla. No nos vale el cuento de Alonso inspirado en la teoría de la conspiración y el linchamiento público, aunque mucho de eso hay. Los socialistas han visto una oportunidad de oro en el caso Bárcenas. Viene como llovido del cielo sin tener que elaborar un guión y activar el guiñol de sus cloacas; y cuanto más se dilate la dimisión o el cese de Ana Mato y más se enmarañe la madeja Bárcenas-Gürtel-PP, más se frotarán las manos; y en esta ocasión, mal que nos pese, hay base para ello. Anunciamos ya antes del 20N que habría movidas en la calle contra el PP, pero nunca imaginamos que sería por motivos reales. Eso sí, oír pedir dimisiones a Soraya Rodríguez, la que entregó varios millones de euros a los terroristas de Mali, o a Rubalcaba, que debería estar inhabilitado para el ejercicio de la política, es, cuando menos, surrealista.

En efecto, vivimos momentos convulsos y preocupantes; de emergencia social, si me apuran, como dice Rubalcaba. Pero que no manipule. La situación económica actual es el legado socialista, aunque sea reiterativo hablar de la herencia. Los recortes –mal enfocados, y que ya denuncié en otros escritos— y el abuso de los banqueros contra el ciudadano de a pie, autónomos y pymes, que tanto hemos criticado, hacen la situación insostenible. A la corrupción hay que sumar el estado de pobreza generalizada, y de ambas cosas sabe mucho Rubalcaba, pero conviene recordarlo. La corrupción y el crimen de estado fueron el aderezo exótico de la cocina socialista de González y Zapatero. Pero, corrupción con mayúsculas, de la buena. ¿Se acuerdan ustedes de Filesa? ¿Y de Roldán? Que, por cierto, del dinero de los huerfanitos nunca más se supo. ¿Se acuerdan de los Gal… y de Barrionuevo… y de Vera… y de San Cristóbal… y de Amedo… y de Domínguez? ¿Recuerdan cuando se robaron el dinero del BOE? ¿Recuerdan a mister X, que ahora se permite dar lecciones de ética? ¡Por favor! ¿Recuerdan el 11M y la manipulación mediática con mentiras al por mayor, suicidas, cambios de mochila… para llegar a La Moncloa? ¿Recuerdan el no tan lejano caso de colaboración con banda armada siendo ministro Rubalcaba, al final de la segunda legislatura de Zapatero? ¿O qué es el caso Faisán que hiberna en el congelador de Ferraz, del CNI o de sabe Dios dónde. ¡Con qué fuerza moral se puede acusar de deslegitimación para gobernar! Yo creo que Rubalcaba, una de dos: o padece algún tipo de demencia senil o nos quiere hacer creer que acaba de llegar de Venus—sin haber gobernado nunca con González y Zapatero—, y se encontró con el caso Bárcenas. Y claro, ¡hay que poner orden!

Y también, el momento presente es más convulso porque la izquierda es maestra en la agitación de masas, además de diplomada en el despliegue de los altavoces del agitprop para ganar en la calle lo que no gana en las urnas.

Conclusión: Ahora más que nunca necesitamos un presidente al que no le tiemble la mano a la hora de apartar a los corruptos y presuntos. El Gobierno debe abandonar la burbuja levitante y bajar a la arena; sensibilizarse con la realidad y el sufrimiento general. El confeti atonta mucho y emborracha. El Gobierno debe decir la verdad. No nos merecemos un gobierno que mienta. Debe facilitar la investigación para que todo se clarifique. Como expresé al principio, los políticos que han visto lesionado su honor deben presentar querellas o enviar escritos de rectificación a los medios que publicaron los papeles. Tienen que querellarse contra Bárcenas, con o sin pulsera telemática. ¡Qué chuscada! Y deben rodar cabezas; la de Mato la primera, y quizá algunas más. Presunción de inocencia sí, pero en política rigen otras leyes no escritas que deben aplicarse. A los tribunales les corresponde hacer el resto. En parte, nos han tranquilizado las palabras del Fiscal General del Estado, Torres Dulce, en alusión a la petición de información a la Agencia Tributaria de los presuntos beneficiados por la amnistía fiscal de la trama Gürtel. ¿Sepúlveda también? ¿Con Mato o sin Mato? ¿Desde cuándo tienen separación de bienes? ¿Fue claro y leal con los ciudadanos el ministro Montoro en sus declaraciones? Si no lo fue, que rectifique, porque estamos pillados. Una ojeada a la prensa internacional nos hace pisar tierra firme. La cosa va más allá de una simple lucha de partidos. La corrupción en España en titulares ha agudizado la mala situación económica. Se habla incluso de una posible intervención del Banco Central Europeo. Posiblemente sea un exceso de alarmismo. En cualquier caso, el Gobierno del Partido Popular acaba de instalarse en la pendiente resbaladiza que conduce al averno. De cómo gestionen la “crisis Bárcenas” dependerán muchas cosas. Esperemos que no anden buscando triquiñuelas de defectos de forma o cuestiones técnicas que motiven el archivo del caso, y que todo se quede en nada. Otra vez, no. Lo diga quien lo diga, los españoles no lo perdonarían.

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
✉ periodista@magdalenadelamo.com
Suscripción gratuita
.

Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído