Fermín Bocos – El drama es el paro.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

La corrupción es el problema de la política española, pero el drama que nos atenaza es el paro. Cerca de seis millones de desempleados. Los últimos 850.000 (datos de la EPA) son empleos perdidos tras la polémica reforma laboral aprobada con los votos del PP y de CiU. A fuerza de convivir con tan lacerante realidad se diría que se está convirtiendo en paisaje. Un paisaje sobre el que los políticos pasan a la velocidad de los coches oficiales en los que viajan y los medios con el paso cansino de quien dos veces al trimestre anota y publica los datos del paro registrado en el INEM o glosa los de la EPA. En los últimos cuatro años, las sucesivas tabulaciones han ido de mal en peor. Tenemos un 26 por ciento de paro que llega al ¡55! entre los jóvenes comprendidos entre los 18 y los 30 años. Sí visto con ojos de quienes tenemos la fortuna de conservar un empleo, resulta doloroso, padecerlo debe ser de todo punto insoportable. Sobre todo en el caso del millón largo de familias cuyos componentes están todos en el paro y sobreviven con los 400 euros al mes que reciben en concepto de ayuda del Estado.

Ya digo que cuesta imaginar las dimensiones del drama de tantos y tantos cientos de miles de excluidos, muchos de ellos, hasta hace poco ciudadanos que tenían un empleo y un salario con el que contaban para desarrollar sus proyectos e ilusiones. La crisis económica provocada por la bulimia del mundo de las finanzas tiene un trasfondo inmoral que no ha sido analizado en profundidad. El capitalismo ha sido uno de los grandes inventos de la Historia, pero tiene un lado oscuro.

El corto vuelo de las disputas entre políticos echándose unos a otros la culpa de lo sucedido -que si Zapatero con sus fantasías suicidas de cuando aquello de la «Champions League», que si Rajoy con las recetas drásticas del liberalismo salvaje-, nos ha impedido abrir un debate sereno acerca del modelo de relaciones económicas y sociales que nos está imponiendo la recesión. Amén de millones de empleos perdidos (dentro y fuera de España), la crisis del 2008 se ha llevado por delante gran parte de la legitimidad moral del capitalismo porque los ciudadanos de a pie (los grandes «paganos» de la recesión) tienden a pensar que el sistema está amañado a favor de una clase privilegiada que no solo no paga sus errores (ahí está el ejemplo -malo- de las cajas de ahorro) sino que ha visto como el Estado asumía sus deudas sin otro reproche que algunos ceses en los consejos de administración.

Siendo el paro, como decía, el drama de nuestro tiempo, no se entiende muy bien -o se entiendo todo- que estemos perdiendo el tiempo con polémicas en torno al sueldo de los políticos en vez de abrir un debate serio para repensar la reforma laboral a la vista de que, un año después de su entrada en vigor, el paro sigue creciendo. Tanto como las dimensiones del drama social que apareja.

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