Fernando Jáuregui – No te va a gustar – Pitar al Rey es gratis. Como tantas cosas…


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Pitar y abuchear al Jefe del Estado es gratis, como quedó de manifiesto el domingo en la final de la Copa del Rey de baloncesto. Y no es que yo abogue por sancionar penalmente la mala educación, la ausencia de diálogo o el energumenismo político, no; creo que la libertad tiene que extenderse incluso a estas actuaciones tan socialmente reprobables, aunque en España existan cauces legales de sobra para mostrar disconformidades políticas que incluso se sitúen hasta en los márgenes del sistema. Lo que ocurre es que las naciones que no respetan, al menos formalmente, sus símbolos, a sus representantes institucionales, a su bandera, a sus costumbres y a su unidad, acaban perdiendo el paso y ocupando los vagones de cola, esos que ya ocupamos en lo referente a índices de honradez política y de transparencia.

Ya sé que en algunos círculos esto que digo podría ser considerado como reaccionario; a eso nos acostumbraron los años de la oprobiosa, llenos de correajes, banderines y cornetas henchidas de fanatismos y banalidades. Pero ahora es diferente: España es una nación que quiere perfeccionarse en la democracia, una nación libre y crítica consigo misma, acaso demasiado crítica consigo misma. No podemos, precisamente ahora, caer en lo zafio, en lo grosero, en la cobardía del que insulta a un político por la calle amparado en la masa y en eso, en que la machada le va a resultar gratis. Claro que hay que protestar, pero nunca, nunca, así. Y si es cierto que la clase política, salvo honrosas excepciones, se esconde del contacto con la gente, practica poco la virtud de la palabra, es endogámica y va por la vida en coches con los cristales tintados, ajena a lo que dicen los transeúntes, no menos verdad es que las respuestas de sal gorda -hay que ver el abucheo de las turbas dedicado a una indefensa María Dolores de Cospedal hace dos días en pleno centro de Madrid- son muestra de un cierto encanallamiento de quien las practica. Y, además, son ineficaces: no hacen más que profundizar el indeseable «ellos» frente a «nosotros». La España del que insulta y la del que se aleja, escondiéndose, de la realidad lamentable del insulto.

fjauregui@diariocritico.com

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