Luis del Val – Vuelo bajo.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

No es preciso pertenecer a las élites intelectuales, ni siquiera poseer una licenciatura universitaria: basta haber estudiado con honestidad el bachillerato, y tener algo de sentido común, para comprobar la cháchara insustancial de nuestros políticos, sus temas de conversación, la comparación de sus sueldos, el chapoteo en las murmuraciones y sospechas, las ocurrencias que repentinamente les asalta, es decir, esta cháchara de patio de vecindad, este mamoneo de gilipolleces heterogéneas para notar la desalentadora sensación de que, si estos preclaros dirigentes son los que van a marcar el rumbo de los tiempos que vivimos, es que han desaparecido los capitanes y estamos en manos de grumetes que se han creído que son auténticos los inesperados y circunstanciales galones que llevan en la gorra heredada.

En medio de una crisis ética, económica y social, en la linde de un cambio de época que va alterar el equilibrio en el mundo, contemplar el vuelo bajo de nuestros líderes es pensar, de manera inevitable, que no sabemos si seremos buenos siervos, pero está claro que no hemos tenido suerte en los señores que nos mandan.

Un adánico Rubalcaba, inventando un comando dictatorial anticorrupción, en contra de todo el ordenamiento jurídico por el que nos regimos, y un protector de ministras que anteponen su carrera y sus intereses personales a los intereses de su partido y de España. Unas pruebas que iban a remover los cimientos de la democracia, y que vienen a ser lo que te diría cualquier notario: que una fotocopia sin fe notarial tiene la misma solvencia que una fotocopia hecha en la tienda de la esquina.

Y, en medio de tanta inanidad, un técnico del Instituto de Tecnología de Massachusetts demuestra la inmensa gilipollez de las sillas especiales para niños en el interior de los automóviles, mientras aquí, en España, la Dirección General de Tráfico va a elevar al cuadrado la gilipollez, y obligará a rascarse el bolsillo para que, ahora, las sillas vayan contra la marcha. ¿Por qué no casco de guerra de la II Mundial, traje de amianto o uniforme de piloto de carrera de fórmula 1 para todos menores de 13 años? ¿O por qué no prohibir que suban al automóvil y dejar que se maten en el autobús escolar, dónde ni siquiera es obligatorio el cinturón? Vuelo bajo, ideas vulgares, comisiones vulgares, razones vulgares, dinero vulgar… ¡Qué asco!

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