Julia Navarro – Escaño Cero – La renuncia.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Conmoción. No encuentro otra palabra para describir lo que ha provocado la decisión de Benedicto XVI de renunciar al Papado. Conmoción que creo que compartimos por igual los católicos con quienes no lo son y se han visto igualmente sorprendidos por la renuncia del Papa. Con Benedicto XVI son cuatro los Papas que han renunciado a lo largo de la intensa y extensa Historia de la Iglesia católica, y desde luego ninguno en los últimos cinco siglos.

Pero lo verdaderamente relevante es que Benedicto XVI ha tomado una decisión que sin duda va a sentar un precedente para quienes en el futuro se hagan cargo de la Cátedra de Pedro. Desde hace siglos los Papas, independientemente de su estado, mueren en la cama, pero a partir de ahora se sienta un precedente que sin duda será tenido en cuenta por otros Papas.

Pero vayamos por partes. Benedicto XVI ha adoptado no solo una decisión valiente sino también ha puesto de manifiesto su inmenso amor a la Iglesia consciente de que en estos momentos necesita a alguien que tenga la energía y la salud de la que él carece.

Con su decisión, Benedicto XVI lo que hace es negarse a convertirse en una figura simbólica, en anciano que muere lentamente en sus habitaciones papales mientras otros gobiernan la Iglesia. Es decir, el Papa ha decidido con una lucidez extraordinaria, con la cabeza fría, consciente de que su edad y su estado de salud no le permiten continuar al timón de un imperio espiritual como es la Iglesia católica. Pero en su renuncia hay mucho más, hay un gesto de humildad y de honradez intelectual.

Si se analiza la trayectoria de Benedicto XVI nos encontramos con un hombre, con un sacerdote que seguramente nunca quiso ser Papa. Benedicto XVI es un intelectual, su mundo es el de los libros y el pensamiento, el de la reflexión y seguramente el Papado ha sido para él una carga que nunca ambicionó pero que por su deseo de servir a la Iglesia aceptó con la que hoy plantea la renuncia.

Se abre una etapa importante para la Iglesia. Dentro de unos días, el 28 de febrero, el Papa hará efectiva su renuncia y entonces comenzará el proceso que se viene realizando a lo largo de los siglos, y que pasa por el conclave de los cardenales donde se elegirá al nuevo Papa. Seguramente, ahora mismo en Roma, en el Vaticano, ya han comenzado las conversaciones entre los cardenales, que igual de sorprendidos que el resto del mundo, tendrán que empezar a pensar en el próximo sucesor de Benedicto XVI.

La Iglesia católica pasa por momentos de zozobra e incertidumbre a cuenta de los escándalos en los que se ha visto salpicada en los últimos años. Pero el reto del nuevo Papa no será solo dar respuesta a esos escándalos sino en acercar la Iglesia a la nueva realidad del siglo XXI, a los problemas del hombre de hoy.

Con su renuncia al Papado, Benedicto XVI ya ha entrado en la Historia como el Papa sereno y humilde y los católicos le han visto más humano en estos momentos. La suya es la decisión de un hombre sabio, de un hombre bueno.

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