Fernando Jáuregui – «Y tú (ganas) más».


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Reconozco que no resulta fácil, no, seleccionar un tema descollante en una semana en la que, ahí es nada, dimite un Papa, lanza su discurso programático el hombre más poderoso del mundo y, aquí en casa, declara en los juzgados la persona que puede poner en jaque a la Monarquía. Pero, si usted me lo permite, me voy a decantar por un tema tan doméstico, tan de política cañí, como el «y tú más», que es el argumentario máximo de nuestros políticos. Un argumentario ahora reconvertido en «y tú ganas más».

Porque así hemos andado esta semana de pasión: con declaraciones de ingresos de nuestros principales políticos -acabarán pasando todos por el aro-. Novedad de presunta transparencia que siempre iba seguida por declaraciones de incredulidad de la otra parte -«menos cuentos y más cuentas», decía un genio mediático de cuyo nombre no quiero acordarme_ y, claro, por comparaciones odiosas, ociosas e innecesarias: que si Rajoy ganaba más que Rubalcaba cuando estaba en la oposición, que si Rubalcaba es el más rico de la clase, que si uno no ha declarado una cosa y otro aquel otro patrimonio…

El «caso Bárcenas» y sus derivaciones, más que perjudicar al PP, que por supuesto le perjudica, y más con la pésima gestión de comunicación con la que lo está afrontando, está incidiendo sobre la credibilidad de toda la clase política. Desde esta perspectiva, la semana que ahora finaliza no ha podido ser peor: ¿cómo no entienden que el «y tú más» actúa como una bomba contra quien lanza esta frase? ¿Cómo es posible que nadie comprenda el efecto terrorífico que estas discusiones sobre sueldos, estos descubrimientos -llueve sobre mojado_ de espionajes políticos, esta pasividad ante la corrupción generalizada a base de acusar siempre al de enfrente, están abriendo un irreversible abismo entre la ciudadanía y sus representantes? ¿Cómo no se dan cuenta de que los efectos sobre la propia democracia van a ser, a este paso, letales?

Pues así ha transcurrido la semana: el paso adelante de publicar las ganancias de nuestros políticos ha sido, en realidad, un paso atrás gracias a la que se ha armado con las zancadillas mediáticas de los unos hacia los otros. Añada usted la enésima revelación sobre espionaje de políticos a políticos -y nueva modalidad del «y tú más»: ellos espían más que nosotros_ y tendrá una panorámica del desastre. Un desastre para nada aminorado por medidas como cortar el sueldo a unos concejales cuya mayoría ya no cobraba… excepto quizá, algunos, en especies, claro. Y esto no es tan fácil de atajar.

¿Y va a ser así como afronten el debate sobre el estado de la nación? Porque, con estos prolegómenos, y con el hartazgo que ya está mostrando la ciudadanía -lean, lean las encuestas-, este importante acto parlamentario puede resultar desastroso. Sospecho, con algún fundamento, que, a estas alturas, alguien debe estar poniéndose en contacto con alguien para escenificar el clásico chiste del dentista: ¿verdad, doctor, que no nos vamos a hacer (demasiado) daño?

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