Rosa Villacastín – El Abanico – La buena cosecha del cine español.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Increíble pero cierto: al día siguiente de la gala de los Goya entré en una zapatería donde habitualmente compro. Estaba la dueña limpiando el escaparate porque según me dijo iba a poner un cartel invitando a la gente a no ver cine español. Al darme media vuelta para salir de nuevo a la calle, me preguntó si no estaba furiosa por las críticas del mundo del cine al Gobierno de Rajoy. Le contesté que no, pero que de igual manera que ella estaba en todo su derecho de ver solo películas extranjeras, yo estaba en el mío de no comprar en su zapatería. Cosa que le sorprendió bastante, hasta el punto de que solo le faltó tirarse al suelo a modo de alfombra para pedirme disculpas.

La anécdota ilustra hasta qué punto los comentarios de algunos tertulianos calientan el animo de los buenos ciudadanos, hasta el punto de sacar todo lo mezquino que cada uno de nosotros llevamos dentro. Y pregunto ¿por qué los sanitarios, los jueces, los bomberos, los policías, los desahuciados, los profesores tienen derecho a manifestarse en contra de los recortes y nuestros actores y actrices tienen que hacer la ola al ministro de Educación y Cultura? ¿Por qué si los recortes al mundo de la cultura les están dejando en el esqueleto no pueden mostrar su enfado en una gala que les pertenece? Utilizar toda la gama de insultos del diccionario cada vez que un artista español muestra su enfado -con ironía, como hizo Eva Hache, con dolor como Candela Peña o con sensatez como Maribel Verdú-, no demuestra más que el odio latente de una parte de la población hacia una profesión que tantos buenos momentos nos hacen pasar, tanto en el cine como en el teatro.

Una profesión que como todas las demás paga sus impuestos, cumple con sus obligaciones ciudadanas, sufren gripes, cánceres, insuficiencias cardiacas, tienen hijos, hermanos, padres que van a unos hospitales públicos a los que los recortes están ahogando con el fin de que el pase a la privada se contemple como una bendición de Dios.

A veces pienso si estos tertulianos de afilada lengua no sufren la crisis, no tienen a nadie cercano en el paro, no saben lo que es acostarse sin tener un trozo de pan que llevarte a la boca, no tienen padres mayores dependientes, hijos con enfermedades raras, mujeres que se las ven y se las desean para estirar la pensión de los abuelos. Esta claro que no, que estos que con tanto desprecio hablan de los titiriteros como si los titiriteros fueran de otro planeta, desprecian a todo aquel que no coincide con su forma de pensar, sin darse cuenta de que los afectados por la crisis somos todos, y que las medidas de guerra tomadas por este Gobierno no han hecho más que empobrecer al país a limites que nunca pensamos que llegaríamos. No verlo es estar ciego.

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