Esther Esteban – Más que palabras – Hacerlo y pagarlo.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Es verdad que el «gran debate» del año se saldó con un claro ganador: Mariano Rajoy. El presidente subió al estrado pensando que la sombra de Bárcenas planearía por el hemiciclo y caería sobre él como una losa, y aunque hubo amagos de que así fuera, su principal adversario dio muestras de estar en baja forma. Era una gran oportunidad para Rubalcaba, que el líder de los socialistas desaprovechó por una circunstancia no prevista.

Aunque el dirigente del PSC, Pere Navarro, no estuvo en el hemiciclo, su petición de que el Rey abdique y el príncipe Felipe lidere una segunda transición del siglo XXI, se produjo momentos antes de que el subiera a dar su replica al presidente y esto al secretario general del PSOE además de cabrearle, ¡y de que modo!, le descolocó y descuadró su discurso, que, aunque interesante por su cercanía a los problemas de los ciudadanos, terminó siendo algo deshilvanado, inconexo y deslavazado.

Sea como fuere, el debate del estado de la nación ya es pasado y, a estas alturas da igual si el presidente ha salido fortalecido del duelo parlamentario o Rubalcaba ha perdido una magnifica oportunidad para consolidar su débil liderazgo. De vuelta a normalidad la corrupción sigue llenando páginas y páginas de los periódicos y hoy mismo toda la actualidad pasará por Palma de Mallorca y el paseíllo del duque empalmado.

En España el horno no está para bollos. Los ciudadanos no están dispuestos a seguir aceptando, sin inmutarse, que las arcas del Estado sean saqueadas por políticos de medio pelo, representantes cutres y advenedizos de altas instituciones, empresarios sin escrúpulos o sindicalistas desalmados. Aquí estamos hasta los pelos del saqueo de las cuentas públicas y ni los partidos, ni los empresarios, ni los sindicatos, ni nadie que reciba un euro público se puede ir de rositas si lo malgasta o llevárselo crudo sin que haya consecuencias penales.

Aquí hay que cortar de raíz cualquier tipo de corrupción y urge una regeneración democrática que no se quede sólo en el enunciado de nuevas leyes. El presidente enumero en el Parlamento su fórmula para combatir este mal endémico, que está cargada de buenas intenciones, pero que no será suficiente… La primera de las medidas será aplicar la ley de transparencia a los partidos, organizaciones empresariales y sindicatos algo muy loable pero que no sería necesario si se cumpliera con la legislación actual, que evidentemente no se ha hecho.

También se presentará un proyecto de ley de control de la actividad económica y financiera con nuevas exigencias a las formaciones políticas, dando más instrumentos al tribunal de cuentas, que establecerá un procedimiento mínimo de aprobación de las cuentas de los partidos que deberá figurar en sus estatutos. Se planteará asimismo una ley que regule las funciones políticas, se diseñará un estatuto del cargo público para tasar las escalas de retribución o compensaciones. y se estudiará la reforma de los reglamentos de las cámaras para que se audite la situación patrimonial de altos cargos diputados y senadores. Todo esto está muy bien, como también es lógica y muy coherente la propuesta de Rubalcaba de reformar la ley electoral para desbloquear las listas, trasladar los delitos de corrupción a la audiencia Nacional o incluso llegar a prohibir la financiación de los partidos por parte de las empresas. Claro que ninguna de estas propuestas tendrían carácter retroactivo y… por lo tanto, todo este magma corrupto que estamos viviendo estos días no se vería afectado por las mismas.

No seré yo quien critique cualquier medida para cortar de raíz esta situación putrefacta, pero la mejor vacuna es la tolerancia cero y todos se andan con demasiados paños calientes y «se la cogen con papel de fumar» porque tienen mucho que ocultar. Esa es la cuestión. Tolerancia cero y quien la haga que la pague y de con sus huesos en la cárcel como un ratero vulgar y corriente. No hay que darle más vueltas al molino. Si esto no se limpia, la cloaca nos llevará a todos por delante y también se llevará con ella a la democracia. ¡Mucho cuidado con eso!.

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