Fermín Bocos – La resaca del debate.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Terminó el gran debate parlamentario, pero los problemas siguen. Sigue en niveles insoportables el paro; sigue en recesión la economía; siguen los conflictos laborales derivados de los expedientes de regulación de empleo y siguen las sin respuesta las grandes preguntas acerca de los casos abiertos de corrupción (Bárcenas ,espionaje en Cataluña, ERES en Andalucía, Urdangarin, etc) pero, apagados los focos de la televisión y dispersa la tropa periodística que dio fe del espectáculo de la palabra, la clase política retorna a la rutina. Aquí no ha pasado nada.

Quedan las apuestas. Somos un país con memoria de pícaros y de marineros hechos a las largas travesías dónde el juego era la única forma de matar el tiempo. Quien ha ganado y quien ha perdido el debate. ¿Rajoy? ¿Rubalcaba? Entre los plumillas parlamentarios -sufrida infantería de curro largo y paga parva-, las encuestas de pasillo dan como ganador, a los puntos, a Rajoy. Si el escrutinio se hace entre la parroquia de tertulianos, el resultado varía en función de la bandería a la que pertenezca el canal de televisión o la radio, circunstancia que, salvo en contadas excepciones, determina la selección del personal opinante. En cualquier caso la opinión más extendida es que Rubalcaba que por decirlo en términos pugilísticos, era el aspirante, perdió la oportunidad de noquear al campeón pese a llegar éste tocado por el «caso Bárcenas.

El líder de los socialistas tiene un problema: está al timón de una nave cuya tripulación anda ya buscando otro piloto para la nueva singladura que se abre cuando concluya esta legislatura. Subió a la tribuna con esa debilidad que para que no quedara en hipótesis de analista, uno de sus contramaestres, Pere Navarro (PSC), quiso hacerla explícita lanzando, sin previo aviso, el torpedo que supone pedir la abdicación del Rey. Era un golpe bajo que, como digo, evidenció la levedad del liderazgo de Rubalcaba. El mismo día que había reclamado para si todos los focos, resulta que un figurante les arrebataba el titular de la noticia.

Navarro, le robó el protagonismo y le obligó a bizcochar la traca con la que tenía previsto finalizar su discurso renovando la petición de dimisión de Rajoy. Sobre la marcha y con buen criterio, rectificó el tiro. Debió pensar que pedir en el mismo día la abdicación del Rey de España y la dimisión del presidente del Gobierno, era tensar demasiado las cuerdas del violín arriesgándose a desafinar. Por eso hubo un momento que incluso perdió el hilo del discurso. Quizá por eso, perdió el debate pese a la razón de fondo que vendría a respaldar sus críticas a la reforma laboral aprobada por el Gobierno. Una receta que, por desgracia, no ha funcionado: desde que se publicó en el BOE, otras 900.000 se han quedado sin trabajo. Y, estamos ya en puertas de los seis millones. Terminó el debate, pero, como digo, los problemas siguen. Y también la resaca política.

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