Rajoy elude nombrar a Bárcenas y Rubalcaba se lo recrimina.


Si no fuera periodista no dedicaría más de cinco minutos al debate del estado de la nación. Pero los políticos son una de mis fuentes de inspiración, y sus cuitas, la argamasa que necesito para desarrollar mi quehacer diario. No, no me compadezcan; en el fondo es muy divertido, si no fuera porque en estos tiempos, los parlamentos –los nacionales y los autonómicos—están cercados por vallas y policías para impedir que la masa de disidentes y descontentos –con y sin razón— tengan la tentación de emular una “toma de la Bastilla”. Así están las cosas.

No hay que ser analista diplomado para ver que la realidad política y social está adquiriendo visos que a los viejos les recuerdan tiempos que mejor ni mentarlos. Todo parece caminar inexorablemente hacia el abismo, hacia el caos. Y no es cuestión de ver botellas medio llenas o medio vacías, según el grado de optimismo; no se trata de eso. La realidad es la que es. La calle se ha convertido en una masa abigarrada de gentío; los del naval; los de las preferentes; la marea blanca de sanidad; los de educación; los dependientes; los funcionarios; los desahuciados; los juristas… gentes variopintas de todo jaez, y lo que te rondaré morena.

Pero vayamos al debate tan esperado sobre el estado de la nación, el primero de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, y el primero de Rubalcaba como líder de la oposición. Entrar en si ganó el Presidente o el líder socialista, con la que está cayendo, me parece, cuando menos, frívolo. Decir que Rajoy es un buen parlamentario y que se crece en la tribuna es una obviedad. Y repetir que Rubalcaba es un gran demagogo, capaz además de hablar sin papeles, otra. Ahora bien, una vez terminada la sesión, y más allá de titulares de prensa y opiniones sobre quién estuvo más florido y ocurrente, nos espera la realidad, la de verdad; la que no escriben los gabinetes de prensa y leen los políticos; la que se padece día a día en diferentes ámbitos y de múltiples formas.

El discurso inicial de Mariano Rajoy no iba dirigido ni a los jubilados, ni a las amas de casa, ni, en definitiva, al grueso de sus votantes. El Presidente habló para los mercados, para los grandes empresarios, y para sus diputados, que con el escándalo de las últimas semanas tienen la moral por los suelos. Lo más celebrado, su As de oros, digamos, fue el descenso del déficit por debajo de 7% del PIB en 2012. Pero el viernes la Comisión Europea dio el hachazo con el anuncio de que nuestra economía seguirá en recesión durante el 2013, con una reducción del 1,4% del PIB, y un crecimiento del 0,8% en el 2014. Si ese día continuara el debate, Rajoy hubiera tenido que rectificar las palabras de su discurso, que aunque no fue en clave excesivamente triunfalista e intentó alejar los brotes verdes y las primaveras floridas, de manera subliminal expandió un aroma de optimismo, al dar por superada una primera fase, de ajustes pero con frutos, e insistir en varias de sus intervenciones en que hay vida más allá de la crisis y que vamos a salir de ella. Pero nos parecieron escasas las alusiones a los que de verdad están ayudando con sus sacrificios a que España cumpla lo pactado con Bruselas. Apenas un recuerdo para los cerca de seis millones de parados; nada para los dependientes afectados por los recortes; nada para los que han tenido que cerrar su negocio porque los bancos les han retirado las líneas de descuento; nada para los viejos que han visto mermada su pensión y además tienen que pagar una parte de los medicamentos; nada para los funcionarios que no han cobrado su paga extra; nada para los médicos que han jubilado en su plenitud para ahorrar, haciendo contratos basura a interinos; nada para los desahuciados que se han quedado sin trabajo por el ERE inesperado de su empresa; y nada, en fin de cuentas, para los seres humanos que día a día van quedando en la cuneta, casi fuera de este sistema feroz. Claro que saldremos de la crisis. Siempre hemos salido. Pero, ¿y los que no siguen el ritmo? ¿Los que se quedan en el camino? ¿No habría que tenderles una mano para que saliésemos todos? Claro que sí, y ese debería ser el reto de un buen hombre de Estado.

Que el Presidente siga con la matraca de que no pudo cumplir su programa por la herencia recibida, y de que tuvo que sacrificar su palabra en aras del deber, no es de recibo. Recortes, sí, pero para todos, don Mariano. ¿Sueldo base para todos? Bien, lo acepto y lo aplaudo; todos sin segundo plato y postre; todos a dieta de macarrones y arroz blanco con tomate; pero también los políticos. Porque mientras todos estamos sangrando por los recortes de cuchillo, la casta política continúa en su burbuja levitante, cobrando sus sueldos, dietas –que no tributan a Hacienda—emolumentos varios, que tampoco; pluses para taxis y por pernoctar en Madrid aunque sea notorio que tienen vivienda propia; viajando en business, con catering de mil euros y buen vino; tarjeta de crédito para gastos; iPad y iPhone de última generación con cargo a nuestros impuestos, etc. Esto tampoco es de recibo en estos tiempos.

Dejando a un lado la economía, los españoles esperaban que se tratase a fondo un tema: la corrupción. La sociedad lo está pasando mal y está muy sensibilizada. No es de extrañar que la corrupción se haya convertido de repente en el principal tema de preocupación de los españoles y que tengan la sensación de que en nuestro país hay más corrupción que en China. Nada más lejos de la verdad, pero esa es la percepción del ciudadano, lo cual es triste. Gurtel, Palau, Pallerols, Mercasevilla, Carioca, Campeón, Pokemon o Caballo de Troya son casos de vergüenza nacional que contribuyen a este sentir generalizado. Y lo peor de todo es que el pueblo ha interiorizado que aquí nadie va a la cárcel ni devuelve el dinero robado.

Que Rajoy no se hubiese atrevido a pronunciar el nombre de Bárcenas escapa a la comprensión de cualquiera. Por eso no es de extrañar tampoco que se interprete –y Rajoy alimenta la hipótesis—que el tesorero tiene bien agarrado a Rajoy. Por eso se le tiene entre virutas de celofán. Si la noticia de la UDEF, que Bárcenas había acudido al notario con las listas de donantes y perceptores de fondos, se hubiese conocido el jueves y no el viernes, al Presidente no le hubiera quedado más remedio que decir algo al respecto.

Las medidas contra la corrupción propuestas por Rajoy están bien, pero –y aquí coincido con todos los grupos de la oposición—, deben aplicarse con carácter retroactivo, incluyendo el caso del señor de la peineta. Es necesario que Rajoy dé explicaciones, más allá de la actuación de jueces y fiscales. Y lo de Sepúlveda, Mato, el confeti y el Jaguar es antiestético por demás.

Que la ley de transparencia no afecte a la Monarquía es también surrealista. No se entiende en el siglo XXI. Si hay que preservar una institución obsoleta y contra natura tiene que ser con transparencia; máxime en estos momentos de rebelión ciudadana por las imprudencias del Rey en la caza de elefantes, acompañado de Corina, la rubísima princesa del collar de esmeraldas comprado en una subasta por más de un cuarto de millón, que perteneció a la condesa de Romanones –espía para más señas—, relacionada también con Urdangarín, que declara ante el juez por segunda vez y se enfrenta a los correos de su socio Diego Torres.

Continuando con la corrupción, oír a Rubalcaba denunciar, cuando por su completísimo historial debería estar inhabilitado para subirse a cualquier tribuna, no sé si es para reír a carcajadas o para llorar a lágrima viva.

Y por si esto fuera poco, aparecen las grabaciones ilegales. El escenario no puede ser más desolador: unos delincuentes grabando a otros delincuentes. Pero, como exudamos hipocresía, pedimos con vehemencia que se llegue hasta el fin y se castigue a los grabadores; en cambio, manifestamos cierta tolerancia con los grabados porque ¡oh, pobrecitos! les han pillado “en las patatas” cuando maquinaban alguna ilegalidad/delito, bien para incrementar su patrimonio, para obtener datos delicados y presionar al adversario, sea del propio partido o de otro, o para cualquier otro fin avieso. ¡Qué asco! De verdad. Y los periodistas, más hipócritas aún. Todos sabemos lo del 4%; y que se espía; que se hacen fotos y se graban vídeos comprometidos; que los dosieres corren entre los políticos; que se encargan; que se compran y se venden; que con ellos se chantajea y extorsiona; que se presiona incluso a jueces. Desde esta perspectiva se pueden entender determinadas sentencias, y ¡hasta aquí puedo leer! Pero eso es vox populi entre los profesionales de los medios. Todos tenemos información de políticos, que no contamos, y “off the record”, que guardamos por fidelidad. Método 3 –con más alcance de lo que parece a simple vista y que abarca mucho más que a Cataluña—, relacionada, por cierto, con la mujer de Alejandro Rubalcaba, hermano del inefable, es una mina a cielo abierto cuya explotación no ha hecho más que empezar. En el caso de que no nos impongan la mordaza, claro, que, tal y como van las cosas, con la basura rebosando de las alcantarillas del poder, tampoco sería tan difícil.

En otro orden de cosas, no puedo dejar de dar una pincelada sobre la ceremonia de los Goya. Que los progres de la ceja utilicen la televisión pública que pagamos todos los españoles, para lanzar sus arengas infundadas y hacer política barata, infectada de topiquillos marxistas, que conocen de oído, porque mucho me temo que no hayan leído un libro completo en su vida, es impresentable. Y al realizador del evento, que enfocó al ministro Wert una vez o dos en toda la gala, merece que le despidan por incompetente. Conviene recordar que el cine español recibió en subvenciones 130 millones de euros y solo ingresó 80. Claro, en lugar de promocionarse y hacer propaganda del cine que se hace en España, pierden su tiempo en bobadas. ¿Qué películas hizo la tal Candela Peña, cuyo padre murió de frío y de sed? Pues ni idea. Qué les suspendan la financiación pública y que pongan a prueba su creatividad.

A ver con qué sorpresas nos desayunamos estos días. El PP tiene muchas batallas perdidas; las sociales, casi todas. No sé si es falta de sensibilidad o de organización. Debería prever las consecuencias de tanto desencanto. Sabe que la izquierda es maestra en rentabilizar determinados extremos, no por ello menos reales. El caso de la gallega Aurelia Rey a punto de ser desahuciada en La Coruña, con todas sus derivadas, es un ejemplo de a dónde puede llegar la manipulación bien dirigida. El más débil no siempre tiene razón, pero el pueblo se la da por sistema. Hace un rato oí a Aurelia arengar en una cadena de televisión sobre banqueros, autonomías y políticos corruptos. Pidió incluso un gobierno formado por bomberos. Uno de ellos se negó a participar en su desahucio y le han abierto un expediente. Pero el “efecto contagio” no se hizo esperar y ya ha habido imitadores en otras provincias. Mala cosa que los funcionarios se nieguen a cumplir la ley. Mala cosa también que ocurran estos extremos. El Gobierno debería tener un plan B para evitar estos espectáculos. Por el bien de todos.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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