Pedro Calvo Hernando – Doce mil veces más grave.


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Que sí, hombre, que lo del PSOE y el PSC es un desastre político que viene a echar una mano al Gobierno y su partido, que buscan con ahínco agarraderas para no perecer en su propia vorágine, doce mil veces más importante y más grave que la de Alfredo-Pere. Hay que ver cómo estamos para que los de Rajoy tengan que buscar esas agarraderas. Pero la culpa es de los propios socialistas, que no encuentran mejor momento para sus líos que cuando sus adversarios más los necesitan en su propio provecho. No sé cuál de los tres parece más abobado, si Rubalcaba, Navarro o Chacón, pero los tres corporeizan el triángulo de las Bermudas de la ineptitud sociata. Chacón seguramente no se lleva la palma, porque es evidente que busca un lugar al sol en el cercano sorteo de la candidatura socialista a la presidencia del Gobierno, que habrá de dilucidarse en unos meses. Si Felipe González o Rodríguez Zapatero levantaran la cabeza, volverían a ocultarla seriamente avergonzados ante tanta estulticia de sus correligionarios. Es que lo veo y no lo creo, mis queridos amigos.

Pero los peperos, que no se froten ya las manos, porque todo el mundo sabe, ellos también, que lo que les ocurre es doce mil veces más grave que lo de la estúpida trifulca socialista por el soberanismo catalán. Esta trifulca es política y no esconde ni sobres, ni cuentas suizas, ni indemnizaciones simuladas, ni acusaciones mutuas de comportamientos delictivos, ni nada que se parezca ni de lejos al gran espectáculo in crescendo con que nos obsequian Bárcenas y sus examigos, el exalcalde y su exmujer la ministra, los portavoces del PP, con el merecido sobresaliente para Cospedal, aunque Pons y Floriano en cualquier momento la van a dar caza; el presidente del Gobierno y de su partido, que sigue sin siquiera pronunciar el nombre de quien le puede enviar a la tumba política, y eso que la encuesta del CIS, loado sea el Señor, le daba vencedor en el debate sobre el estado de la corrupción, digo de la nación, sin saberse cómo ni por qué, solo Dios lo sabe y basta ya de invocaciones al Creador, amigo columnista.

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