Andrés Aberasturi – ¿Es que nadie va a hacer nada?


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Pasan los días, las semanas, los meses y abrir un periódico sigue siendo en España un sobresalto al que Dios quiera no lleguemos a acostumbremos. No puede ser que con el fondo desgarrador de esos cinco millones de parados según el INEM -que en realidad son seis- en primer plano sólo aparezcan corrupciones, escándalos, comisiones que repugnan y que encima son legales, estafas y mal gusto.

No puede ser que nada cambie, que todo se reduzca al lentísimo paso de una Justicia desacreditada frente a la sociedad, falta de medios, anquilosada en su propia burocracia, ahogada por sus compromisos políticos, incapaz, por lo que se ve, de la agilidad necesaria y exigible para hacer frente a unos delincuentes que se aprovechan al máximo de ese freno al que reverencialmente calificamos como «garantismo»

No puede ser que, a estas alturas, tenga este país que desayunarse cada día con la peineta -real o no- del penúltimo sinvergüenza a toda una sociedad que creía vivir en un estado en el que, pese a todo, se podía confiar. No puede ser que, con lo que ya teníamos encima, ahora aparezcan contratos de trenes para vías que ni siquiera existían o extrañas comisiones inmorales para el AVE de La Meca.

No puede ser que la mayor noticia sobre Bárcenas y el PP es que no haya noticia sobre el PP y Bárcenas. ¿Pero qué país es este en el que los ministros se reúnen en gasolineras de carretera, la policía pregunta por despachos descerrajados que no se sabe si existen o no en los partidos y el yerno del Jefe del Estado se gasta lo que no tiene en reformas antiestéticas de mansiones súper lujo?

No puede ser que todo esto -y mucho más- esté pasando en esta España en el año de desgracia 2013 sin que nadie mueva un dedo y diga ¡ ya está bien ¡

No puede ser que contemplemos toda esta cadena de corrupciones con la tranquilidad a la que, parece, nos estamos acostumbrando. No puede ser o no debería ser porque si terminamos aceptando la inmoralidad como animal de compañía, ahí se quedará anclada en el sistema, incrustada en el cuerpo de una sociedad definitivamente enferma. Me pregunto y pregunto a los que pueden hacerlo: ¿es que nadie va tirar de la manta para dejar al descubierto este cáncer que tantos tratan de esconder en lugar de extirpar? Miren: yo puedo escribir todo esto y nada va a cambiar. Puede que los indignados de Sol vuelvan a levantar su campamento y a rodear el Congreso pero nada va a cambiar. Es posible incluso que partidos minoritarios pregunten al Gobierno y nada va a cambiar. Nada, porque Rajoy está ocultando a Bárcenas y Rubalcaba depende de Griñán y sus ERES. Sólo quedan dos caminos para sobrevivir a tanta putrefacción: o se rebelan desde dentro de los partidos los que de verdad crean aun en la democracia o la Justicia se quita la simbólica venda de los ojos y se pone manos a la obra, que no es poca. En una situación de cierta normalidad, en esa democracia aburrida que yo añoro, todo toma su tiempo. No es el caso; este país está viviendo en una alarma social permanente protagonizada por unos cuantos chorizos con el silencio o la pasividad cómplice de los líderes políticos.

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