Cayetano González – Crisis multiorgánica.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

El mayor drama que vivimos actualmente en España se resume en siete dígitos: 5.044.222, que es el número de personas que a finales del pasado mes de febrero estaban registradas como desempleadas en las Oficinas del Servicio Público de Empleo Estatal, que es como ahora se conocen a las antiguas oficinas del INEM. Pero detrás de cada uno de esos dígitos hay una persona física con un proyecto de vida que se ha visto truncado por la pérdida de un empleo, o en el caso de los más jóvenes por no haber encontrado su primer trabajo. Esta cifra de parados que se han registrado se agrava todavía más si se tiene en cuenta los datos ofrecidos por la última EPA que sitúa el paro en más de seis millones de personas.

Esta cruda realidad junto a la grave crisis institucional que vivimos en nuestro país que afecta desde la más alta institución, la Jefatura del Estado, a la judicatura, partidos políticos, autonomías, ayuntamientos, crea un estado de gran desafección en importantes capas sociales. No digamos nada si a todo lo anterior se añade el cáncer que para nuestra democracia suponen los distintos casos de corrupción que un día si y otro también ocupan las portadas de los medios de comunicación y que golpean de modo inmisericorde sobre la credibilidad y solvencia del sistema.

Es urgente una regeneración democrática a fondo para salir de esta especie de crisis multiorgánica que nos atenaza. No puede ser que la figura y la persona del Rey esté todos los días en solfa por mor de su supuesta relación con una princesa alemana o por las presuntas golferías crematísticas del marido de una de sus hijas. Todo eso hace un gran daño, no solo a la persona de don Juan Carlos, sino sobre todo a la institución que él encarna, la Monarquía. Como tampoco es de recibo que los partidos políticos afectados por casos de corrupción -PP, PSOE y CIU- esquiven los mismos sin asumir ningún tipo de responsabilidad, no limpiando su casa y amparándose en el ya cansino y hasta cobarde «y tú más».

Estamos viviendo desde hace tiempo uno de los peores, sino el peor momento desde la transición democrática. Todo se relativiza; se ha perdido absolutamente el valor del pacto y del consenso en las cuestiones importantes; los dos grandes partidos nacionales -si es que al PSOE se le puede seguir atribuyendo esa condición- son incapaces de ponerse de acuerdo en algo. Los ciudadanos desconfían de los políticos. Se generalizan, a veces de manera injusta, conductas muy reprobables de responsables públicos. Si quienes tienen capacidad para ello no hacen nada -y no es suficiente una denominada Ley de Transparencia- la situación se agravará y el descontento ciudadano irá a más lo cual es muy peligroso teniendo en cuenta algunos antecedentes de nuestra reciente historia.

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