Fermín Bocos – Reformar la reforma.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Hablar del paro está mal visto entre quienes conservan el empleo, pero es lo que hay. Los hechos son tenaces: doce meses después de la entrada en vigor de la reforma laboral, el número de personas que han perdido su empleo sigue creciendo. Según la EPA rondan ya los seis millones. Casi sesenta mil parados más en el mes de febrero. Y subiendo. Sube el paro y baja el número de afiliados a la Seguridad Social. ¿Qué más evidencias necesita el Gobierno para concluir que la reforma no ha funcionado? A la vista de los resultados de la reforma, el cambio de nombre del ministerio -paso de llamarse Ministerio de Trabajo a Ministerio de Empleo-, suena a sarcasmo. El insoportable índice de desempleo pesó como una losa sobre la decisión de los españoles a la hora de orientar el signo de su voto en las últimas elecciones. El PSOE perdió, entre otras razones, porque la gente le pasó a Rubalcaba la factura del paro que se había disparado con Zapatero. Hoy esa factura sería para el PP. Lo dicen todas las encuestas. Y tiene lógica porque instalados como estamos en una época de descreimiento político, salvo las minorías partidarias, el grueso de los votantes juzga a los políticos por lo que hacen, no por lo que proclaman.

La gente analiza y juzga por los resultados no por las promesas. Mariano Rajoy eligió una cola de parados frente a una oficina del INEM para prometer empleo a los españoles que no lo tenían. Tengo para mí que en aquél momento estaba convencido de que con un gobierno conservador los mercados reaccionarían de manera positiva permitiendo reconstruir el tejido productivo dañado por una combinación letal: el estallido de la burbuja inmobiliaria y los pufos financieros asociados. Por desgracia, las cosas no le han salido como pensaba. Es verdad que heredó de Zapatero unas cuentas maquilladas pero en las autonomías en las que gobernaban los populares (Valencia, Murcia, Baleares, etc.) sabían lo que había, así que el engaño fue relativo. En cualquier caso y concedido el beneficio de la duda, visto que la reforma laboral no da los frutos esperados, lo que procedería es buscar otra fórmula. Exigiendo de paso a las cajas de ahorro (que han vuelto al sector público) que faciliten crédito a los pequeños y medianos empresarios que son la clave para recolocar a los millones de desempleados que sufren en silencio rechazando tanto la indiferencia de los gobernantes como la demagogia de los sindicatos.

Hay una frase en el mundo de la mar que resume lo que está pasando. El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas. Pues, eso: si la reforma laboral no ha funcionado que quien está al timón reforme la reforma. Antes de que sea demasiado tarde y de sesenta mil en sesenta mil, el ajuste se lleve por delante otro millón de puestos de trabajo.

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